A veces… veo ex.
Cuán duras son las rupturas a veces; cuántas lágrimas, tiempo y esfuerzo nos cuesta superarlas.
Yo creo que aunque a unas nos cuesta más y a otras menos, y aunque unas rupturas duelen más que otras, no hay ni una sola que sea instantáneamente en nuestras vidas como un borrón y cuenta nueva.
Porque es que además, hay ex de ex, es decir, los hay que salen por la puerta muy dignamente y sin apenas hacer ruido, cuidadosos, respetuosos… Y los hay que de no ser porque finalmente los sacamos por la ventana a empujones, aquí seguirían, destrozándolo todo.
Pero independientemente de eso, ya sea que se hayan ido con más o menos cuidado, que hayamos terminado en mejores o peores términos, que sean más o menos pesados… al menos en mi humilde experiencia, siempre vuelven. Y lo peor es que, como si recibiesen un aviso, lo hacen justo cuando estamos a punto de superarlos por completo.

Bueno, vale, cambiemos eso de “superarlos”, por: “Sacárnoslos del centro del corazón como la puñetera espina dolorosa en la que se habían convertido, para pasarlos a un espacio más pequeñito pero más sano.”. Porque aunque esto último sea bastante más largo, lo de superar a una persona suena un poquito mal. Que las personas no son obstáculos en una carrera de caballos para que los superemos. Ni nosotros tampoco somos caballos para superarlos, ni oye, ya que estamos, los caballos mucho menos deberían ser obligados a carreras ni a ir superando nada, pero en fin, que ese es otro tema.
Ay, los ex … a algunos de los cuales los lloras un montón. Yo por uno de los últimos lloraba debajo de la ducha y hasta me gasté casi ocho euros en una tarrina de Ben & Jerry’s con la que luego, vestida con mi mejor pijama, me atiborré hasta casi ahogar mis penas mientras veía maratónicamente La Reina del Flow. Sí, porque podré estar en el pozo de la pena más hondo, pero el flow nadie me lo quita.
El chico había estado intentándolo conmigo durante meses, a tope. Pero yo, que en aquel entonces estaba conociendo a la par a otra persona, fui sincera con él. Seguimos saliendo y entonces, algunas semanas después, a mí me empezó a encantar mucho muchísimo pero resultó que cuando era yo quien estaba a tope y quería hasta hijos (ok, estoy exagerando, ¿vale?). Ahora él ya no quería conmigo nada más que nuestros habituales folleteos. Y ay, amigas, lo pasé tan mal… Porque yo creo que muy poquitas cosas hay peores y más crueles que la culpa. Y yo me sentía muy culpable por no haberle querido desde el minuto uno.
Sí, ahora que ya todo ha pasado y que puedo ver las cosas con perspectiva, me doy cuenta de que yo realmente nunca hice nada malo y que no he sido justa conmigo misma al sentirme culpable por no llevar el mismo ritmo de la otra persona, pero claro, yo en aquel momento sentía que había perdido la oportunidad de mi vida, y eso, para alguien tan perfeccionista como yo, jode el doble.

Total, que seguí comprándome helados caros mientras mi ex seguía pasando de mí cuando antes día sí y día también, me compartía por privado esos post de Instagram con frases cachondas que te hacen sentir la más sexy del mundo. Y, sin darme cuenta, para cuando me terminé el último capítulo de La Reina del Flow, ya no dolía.
Entonces, adivinad qué pasó: Sí, una notificación de Instagram con su nombre, de esas que nada más aparecer en mi pantalla, me dejaban sin aliento. Y que ahora ya sólo me hacían sentir ese airecito de suficiencia que se nos cuela dentro cuando nos alimentan el ego.
Desde entonces, me ha seguido escribiendo. Y no os voy a decir que me ha vuelto a llevar por el tema de liarnos, porque no es cierto. Pero yo sé lo que hay detrás, porque así empezamos siempre. Tampoco os voy a decir que creo que es que él se ha dado cuenta de que yo soy el amor de su vida y está arrepentido, porque tampoco es cierto. Pero lo que sí creo es que a todos nos golpea un poquito el autoestima cuando alguien pasa la página en la que aparecíamos nosotros.
Y entonces algunos que son un poquito más egoístas o quizás más inseguros que otros, no quieren que se les olvide y vuelven a asomar la pata, por si cuela.
Lady Sparrow