Mis dos hijos son nietos y sobrinos únicos. Esto se traduce en un aluvión de regalos cada vez que alguien viene a verlos. Sí, no me refiero a las fechas especiales, sino a cualquier momento del año en el que sus abuelos, que están en casa día sí, día también, o sus tíos, que los ven todos los fines de semana, les dan chorradas (y no tan chorradas). Entiendo perfectamente que esto es un acto voluntario y que yo no soy quién para prohibirlo, pero es innecesario que los niños naden entre juguetes, cuentos y que no haya semana en la que no estrenen algo.

Esto nos ha llevado a intentar graduar la situación este año. No sé si lo conseguiremos, pero vamos a prohibir ciertos regalos y a reducir sustancialmente su número.

Es evidente que con cuatro abuelos y tres tíos va a ser prácticamente imposible que tengan dos regalos. Pero, aun así, hemos decidido dar a cada familia un juguete asignado y cosas necesarias. Me explico.

En el caso de mi familia, la materna, hemos pedido que le traigan a uno una bici y a otro un patinete. Obviamente, todo esto dentro de su presupuesto. En caso de que quieran traerles algo más: calcetines y ropa interior. Punto.

A la familia paterna les hemos pedido un barco pirata para que lo compartan y, en caso de que quieran algo más, algún chándal.

Nosotros, por nuestra parte, les vamos a comprar dos cuentos a cada niño: uno en inglés y uno en español para cada uno. C’est fini.

Sé que en muchas familias esto puede parecer una verdadera locura, y a mí también me lo parece. Pero, para apoteosis, la de los chorrocientos mil regalos de los años anteriores. De verdad, me parecía un despropósito. De esta manera dividimos la carta de los Reyes entre las dos familias y así mis hijos tienen sus juguetes, pero no más de dos. El resto son cosas que necesitan y siempre vienen bien.

¿Qué hemos prohibido? Salirse de la lista. No necesitan peluches, más superhéroes de plástico, más puzles ni más juguetes de relleno para que parezca que hay mucho. Es innecesario y una pena que los niños se encuentren en esa situación de atragantamiento a base de regalos. No los quieren, no los necesitan y, al final, muchas veces se mueren de asco y prefieren jugar con las cajas.

Hemos hablado con las familias y parece que han accedido. ¿Qué pasará? Pues no sé si nos harán caso o lo que les dé la gana. Espero que respeten nuestros deseos porque son por el bien de nuestros hijos y la búsqueda de evitar gastos innecesarios.

Es cierto que han aceptado con sus reticencias: cómo no van a darles a sus nietos/sobrinos todo aquello que quieren. Pero les hemos hecho ver que no quieren más juguetes en general: solo quieren tres cosas: su barco pirata, una bici y un patinete (y esto a repartir entre dos niños). Todo lo demás es añadido y solo sirve para hacer bulto y restar importancia a lo esencial: el tiempo compartido.

De nada sirven mil juguetes si no jugamos con ellos. Nuestros hijos no quieren desenvolver más paquetes, quieren estar más tiempo con ellos. Y por ahí parece que les hemos convencido.

Resultado: todos ganamos. Nuestras familias van a tiro hecho y no se gastan tanto (porque, aunque os creáis que no, se les va de las manos) y nosotros evitamos tener tanto cacharro innecesario y que nuestros hijos entiendan que la Navidad no son solo los regalos, hay mucho más allá.

¿Será una utopía o una realidad? En nada os contaré el resultado…