Luz y yo siempre hemos estado muy unidas, nos llevamos cuatro años, yo soy la mayor y aunque nos parezcamos bastante físicamente, nuestras personalidades son como la noche y el día. Yo soy mucho más reservada y tranquila mientras que ella es súper extrovertida y normalmente se convierte en la reina de la fiesta.
Es verdad que, a veces y, sobre todo si nos ven por separado nos confunden la una con la otra y, muchas veces ya hemos desistido de sacar a la gente de su error. Lo tomamos con humor y ya no nos molesta que nos confundan.
Y esta es una de esas historias en las que nos confundieron, quizás la más reseñable por cómo acabó y que siempre acaba apareciendo en nuestras conversaciones para sacarnos una sonrisa.

Un día, sábado noche, yo había quedado con mis amigas para salir e ir a una de las discotecas de la ciudad. Allí, mientras bailábamos y nos divertíamos, nos dimos cuenta de un grupo de chicos no paraba de mirarnos. En concreto, yo me fijé en que uno de ellos me sonreía especialmente. Era bastante guapo y, aunque otra en mi lugar se hubiera acercado a hablar con él, yo me moría de la vergüenza solo de pensarlo.
En estas estábamos cuando, por fin, Jorge, que así se llamaba el susodicho se acercó a mí y me dijo que me invitaba a una copa. Yo, aunque bastante cortada, acepté.
Desde ese momento, pasamos toda la noche hablando, riéndonos, tomando chupitos y, obviamente una cosa llevó a la otra y acabamos liándonos. A todo esto, tanto sus amigos como mis amigas ya se habían ido y nos habíamos quedado solos, la discoteca estaba a punto de cerrar y tocaba despedirse.
No sé si fue el alcohol o lo a gusto que estaba con él, pero le acabé invitando a tomar la última en mi casa. Él, por supuesto, aceptó, así que cogimos un taxi y en quince minutos estábamos en mi apartamento.
La verdad es que nos lo pasamos súper bien y la conexión que teníamos se hizo extensible también a la cama. Cuando acabamos, como ya era tarde le dije que se quedase a dormir si quería, que no me importaba. Y Jorge aceptó.
A la mañana siguiente yo me levanté primero y me fui a la cocina a desayunar mientras él recogía sus cosas. Cuando apareció en la cocina nos pusimos a hablar de la noche anterior (aunque es verdad que no nos acordábamos de muchas cosas) y me dijo que ya me tenía fichada desde hacía tiempo, pero que no se había atrevido a decirme nada hasta ese momento.
A mí me extrañó porque su cara no me sonaba absolutamente de nada y, por curiosidad le pregunté que de qué me conocía. Me dijo que del campus ya que él estudiaba ADE y la facultad de Derecho donde, en teoría, yo estudiaba quedaba al lado.
Ahí fue cuando me di cuenta de que me estaba confundiendo con Luz. Era ella la que estudiaba Derecho mientras que yo estudiaba Filología Clásica en otro campus.
Dudé en si decirle algo o no y como no sabía cómo abordarlo, cogí una foto que tenía en el salón en la que salíamos Luz y yo y se la enseñé.

La cara que puso cuando la vio fue épica y no supo muy bien qué decir. Cuando reaccionó me dijo que igualmente la noche había estado super bien y que no le importaría repetir, aunque vi en sus ojos que lo decía con una mezcla de vergüenza y desilusión así que le dejé que terminara de desayunar y quedamos en vernos otro día para repetir.
Por supuesto, nunca repetimos y creo que Jorge aún está maldiciendo el día en el que me confundió con mi hermana.
Escrito por Angie Rigo basado en una historia real