Me excité en la revisión ginecológica y aún no me lo puedo creer

 

Todavía estoy en shock, os lo juro, y eso que ya han pasado varios días.

Pero sí, por más que me cueste asumirlo… por más que parezca imposible… la vergonzosa verdad es que el otro día me excité durante la revisión ginecológica y aún no me lo puedo creer.

Es que no me lo explico. ¿Hay algo más frío que una consulta de ginecología? Con su penumbra, su instrumental, su silla de exploración con sus estribos, su ecógrafo…

Ya no es solo que sea frío, es que una revisión ginecológica, a pesar de las similitudes obvias, es la antítesis de sexo. Es, probablemente, la última situación en la que una mujer puede llegar a sentir algún tipo de excitación sexual. Y voy yo, y me pongo cachonda en mitad de mi exploración.

En mi necesidad de encontrar algún tipo de explicación que no pase por cuestionar mi salud mental, me he convencido de que hay dos factores determinantes que han llevado a que esto ocurriese.

Por un lado, el prolongado período de abstinencia en el que estoy inmersa. Literal que no follo desde antes del estallido de la pandemia. Al principio por culpa del estado de alarma, luego por el estado de psicosis, después por simple responsabilidad y, de un tiempo a esta parte, pues no sé, porque me he acostumbrado y ya como que me da pereza. Si bien he de reconocer que, aunque no lo busque, sí lo echo de menos. De vez en cuando. En fin.

Por otro lado… el médico, tías.

Con esto del Covid llevaba sin ir a la revisión más de dos años (ya lo sé, muy mal, hay que hacerse las revisiones cuando toca). Así que cuando llamé al centro donde suelo realizarlas y me dijeron que para que me viese mi gine habitual tenía que esperar casi dos meses, acepté ir a otro que no conocía porque con él había hueco en unos días.

Llego a la consulta, me pasa la enfermera y me encuentro con un chico jovencito que, con el pijama verde, el gorrito, la mascarilla y con todo, apunta maneras que te pasas. En serio, como diría mi abuela, el tipo es bien parecido. Como diría yo, el tipo, o mucho engaña, o está bueno que te cagas. De cuerpo, de brazacos y del trozo de cara que se le ve.

Me excité en la revisión ginecológica y aún no me lo puedo creer

 

El hombre me hace las típicas preguntas, yo las típicas respuestas y paso a desnudarme y ponerme la mierda de bata que ni tapa ni na de na, para proceder con la exploración.

Yo no sé si fue por mi sequía sexual, porque el doctor está cañón, porque estoy enferma o por una combinación de todas las anteriores, pero a mí en la vida me pareció tan sugerente el sonido de succión que hace el espéculo al abrirse. Mi mente calenturienta pasó de mis advertencias y, en cuestión de segundos, se montó una película porno cutre que, contra todo pronóstico, hizo efecto en mi cuerpo.

Me excité en la revisión ginecológica y aún no me lo puedo creer
Foto de Karolina Grabowska en Pexels

Fueron unos pocos minutos verdaderamente incómodos. ¿Podría él notar que estaba cachonda? ¿Podrían las paredes de mi vagina delatarme de alguna forma? Joder, qué puto estrés.

A buenas horas se le ocurría despertar a mi ociosa libido.

Como es obvio, el hombre fue tan profesional como se esperaba que fuese. Hizo su trabajo con absoluta normalidad, terminó, se quitó los guantes, me dijo cuándo estarían los resultados de la citología y que, por lo demás, todo estaba en orden.

Mira qué bien, todo controlado por mis bajos.

Pero ahora quizá debería hacerme mirar el repentino ataque de lujuria que tuve en aquella consulta. ¿Verdad?

 

 

Anónimo

 

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