Este verano ha sido intenso, entre unas cosas y otras en tres meses he conocido a cinco chicos que han despertado en mí algún tipo de interés. Unos más que otros, por supuesto, pero a fin de cuentas les he hablado a mis amigas de todos ellos y me he dado cuenta de una cosa. El formato cita no me gusta y los señores me caen mejor por WhatsApp.

Cuando estaba en casa hablando con ellos todo era genial, me reía muchísimo, me incorporaba en la cama y me sentaba cuando la conversación se ponía interesante, escribía a la velocidad de la luz cuando el debate se ponía intenso y un largo etc. me hacían sentir cosas a través de una pantalla y luego en persona… Dejémoslo en que dejaban mucho que desear. No me extrañaría que conmigo pasara lo mismo.

A lo que voy es que a que cuando hablas con alguien a través de una red social tú pones todo lo que le falta a las palabras escritas, tú eliges el tono de voz, la mirada y la intención, tú y tus circunstancias rellenáis los espacios en blanco y claro, cómo no idealizar así. Nos montamos una imagen en nuestra cabeza sobre la persona con la que estamos hablando a nuestra imagen y semejanza, la idealizamos, la subimos a un pedestal en el que no está y claro, luego bajarlo de ahí cuesta mucho.

Cuando ya conoces a la persona, cuando ya sabes cómo es, te puedes imaginar perfectamente qué te está diciendo y cómo te lo está diciendo, pero cuando no tienes ni idea y todo lo que has visto son cuatro fotos en una aplicación para ligar o una conversación a medias en la puerta de cualquier discoteca, todo se desvirtúa. Asumo que igual a alguien le ha pasado al contrario, que detrás de una pantalla no le gustaba absolutamente nada y luego en persona era maravilloso, a mí no me pasa, a mí no me pasa porque si por WhatsApp no me convence, soy incapaz de darle una oportunidad en persona.

El caso es que a todo esto le he dado la vuelta, porque al revés seguro que también pasa y no deberíamos volvernos locos. Es decir, es perfectamente posible que tu hayas conocido a alguien por Tinder, por Adopta un Tío o de cañas por la Latina, os hayáis dado el número, hayáis empezado a intercambiar mensajes y le hayas parecido súper interesante, simpática, jueguetona o cualquier otro adjetivo que se os ocurra y luego en persona, no cumples con sus expectativas.

No creo que seas culpable de nada, no creo que debieras pensar más de la cuenta por eso, no creo que debas rallarte por no ser lo que alguien se imaginaba que podías ser solamente por leerte. Al igual que tú no puedes exigir nada porque alguien no sea lo que esperabas.

¿Conclusión? Creo que deberíamos dejarnos un poco de lado las conversaciones infinitas detrás de las pantallas, creo que deberíamos ser un poco más valientes y quedar en persona, creo que si nos mola el texting seamos conscientes de que solamente es eso, texting. Dos personas pensando en qué decir, teniendo tiempo para pensar en qué decir, pudiendo corregir lo que querían decir y sin que se les vea la cara. No podemos responsabilizarnos al 200% de las expectativas que se crean.

El otro día vi una ilustración de @elunicornioquedibuja que me pareció que reflejaba a la perfección lo que os intento transmitir, ese chasco que te llevas al quedar con alguien por primera vez después de haber estado hablando con él durante horas a través de una App.

Tenemos que aprender a convivir con las tecnologías, saber sacar provecho de ellas y quedarnos siempre con la parte buena, no pasa nada porque te gustase más por WhatsApp, no pasa nada porque le gustases más por WhatsApp, el mundo sigue y nada se termina.

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