Hay una famosa frase que se entiende con facilidad: «cuidado con las manos, que van al pan». Siempre se utilizaba para recordarle a quien le estuviera metiendo mano a alguien que se cortase un poco. Hoy en día, es algo más complicado que te vean en semejante tesitura con tu pareja porque todo ha cambiado. Lo que no ha cambiado tanto es la necesidad de protegerse las manos cuando se cocina…
Más testimonios reales en whatsapp
Mi pareja y yo somos unos enamorados de la gastronomía, o foodies como se dice ahora. Nos da igual el tipo de cocina que sea. Vemos algún vídeo en Internet, nos enteramos de que han abierto un restaurante, o que han sacado al mercado un producto nuevo, y ese fin de semana vamos a probarlo. Tenemos un perfil en una red social donde comentamos todos los detalles de lo que degustamos, si es aconsejable, cuánto nos ha costado y por qué deberían probarlo nuestros seguidores.
Siempre pensamos que la comida puede ser un perfecto sustituto del sexo, especialmente a partir de los 55 años, y en nuestro caso suele ocurrir algo muy curioso. Cuando probamos nuevos ingredientes, buscamos una receta distinta y queremos cocinarla, nos vamos poniendo cachondos y mientras el plato se está guisando, o asando en el horno, aprovechamos para follar.
Un sábado organizamos una jornada de gastronomía mexicana. El viernes por la noche comenzamos a preparar un asado a baja temperatura para que la carne estuviera perfecta. Al día siguiente, tras comprar los últimos ingredientes justo después de desayunar, comenzamos a prepararlo todo porque venían amigos a comer.
Cuando tomamos comida de México nos gusta servirlo todo en fuentes distintas para que cada cual se monte el taco, o el burrito, a su gusto. Ella se encargó de preparar las tortillas de maíz para irlas sacando del paquete y darles un golpe de calor en el último momento. Cogió varios boles para rellenarlos con cebolla morada encurtida por nosotros, pico de gallo, queso y distintas salsas.
Yo me puse con los chiles. Esta vez tuve suerte y encontré en una tienda especializada el chile fantasma, uno de los más picantes del mundo. Corté cuatro por la mitad, les quité las pepitas y las hebras y luego los piqué a trocitos. Como ya te he comentado, mientras iba y venía le metía mano a mi mujer, luego ella a mí y cuando estaba todo listo nos dimos cuenta de que quedaban 20 minutos para que llegasen los invitados.
Tras subirla a la encimera y hacerle un cunnilingus me pidió que le metiera dos dedos, algo que le encanta. Se corrió al poco tiempo, me la chupó, hice lo mismo y nos fuimos a poner la mesa y a arreglarnos un poco. Llegaron nuestros amigos, colocaron los entremeses que habían traído y comienzo a observar que mi mujer no para de moverse en la silla. Pensé que no le había dado tiempo de ir al baño y no le di importancia.
Poco a poco, la iba notando que cada vez lo estaba pasando peor e incluso nuestros amigos le preguntaron que qué le pasaba. En ese momento, me empieza a picar el ojo, me quito las gafas, me lo rasco y noto que me escuece muchísimo. El ojo me arde, me voy a echar agua inmediatamente y caigo en la cuenta de que al meterle los dedos a mi mujer le había provocado una irritación interna que le estaba abrasando.
La llamé para preguntarle por un colirio y le dije: «métete en la ducha, échate agua fría en cantidad y lávate con algún gel íntimo, es por los chiles». Así lo hizo, el tema se calmó bastante y al día siguiente apareció por la cocina con una caja de guantes de nitrilo y me dijo «a partir de ahora, todo con guantes que para una vez que nos damos una alegría no vamos a terminar en urgencias». Dicho y hecho.
Envía tus movidas a [email protected]