Nunca he sido usuaria de Tinder ya que, por circunstancias de la vida, nunca lo he necesitado. He tenido varias relaciones largas con personas que he conocido por mi entorno, en el trabajo o de fiesta, por lo que nunca me ha hecho falta tirar del comodín de las apps de ligoteo.
Hace dos años que Román me dejó por otra, más joven y más guapa. Descubrí que me era infiel, se lo dije, me lo reconoció y, en ese momento, aprovechó para liberarse e irse definitivamente con ella.
Después del shock inicial y del duelo posterior me quedaron pocas ganas de nada así que me dediqué a centrarme en mi misma, desconectar y retomar hobbies que había abandonado. Dejé también un poco de lado mi vida social, salvo con mis amigos más íntimos ya que no tenía ganas de dar explicaciones ni de salir o de conocer a gente nueva.
Así fue hasta que, en una conversación con amigas sobre cómo me encontraba, empezamos a hablar de cómo había cambiado el mercado de las citas, de las nuevas formas de conocer gente y de todas las aplicaciones y herramientas que habían surgido en torno a este tema.
Yo no era consciente del cambio que se había producido ya que, hasta entonces, había estado ajena a todo ello y era totalmente desconocedora de cómo funcionaban. Por supuesto sabía que existían y había oído hablar de ellas, pero nunca me había planteado usarlas ni muchísimo menos conocer a nadie a través de ese medio.
Mis amigas, después de llamarme antigua varias veces, decidieron que era buena idea que me hiciera un perfil en Tinder. Yo estaba negada y me aferraba a la idea de seguir conociendo gente de la forma tradicional, pero insistieron e insistieron hasta que cedí. Total, ¿qué podía perder?
Creamos mi perfil y me dieron las nociones básicas de uso de la herramienta y, no os voy a engañar, pero al final acabé cogiéndole el gusto a esto de Tinder, de los match y los superlike. Quedé con varios chicos, hablé también con otros, me llevé varias decepciones, alguna que otra alegría y, lo mejor todo, conocí a Adrián.
De esto hace ya un año. Las cosas nos van genial y yo me había olvidado totalmente de Tinder hasta el otro día.
Revisando las apps que tenía instaladas en el móvil para hacer limpieza y liberar espacio, me encontré con el iconito rojo de la llama de Tinder y, no sé si fue por curiosidad o por qué, decidí abrirlo. Fui pasando, viendo qué gente estaba activa, qué me ofrecía la herramienta y echándome unas risas hasta que vi algo que me desconcertó.
Era el perfil de una persona que conocía perfectamente, la foto era antigua (la edad también), pero se veía que era él. Se describía a sí mismo como una persona culta, inteligente y que buscaba compañía “para las noches más oscuras”. Miré varias veces por si me había equivocado, pero no, estaba claro que era mi suegro.
Hice una captura de pantalla sin saber muy bien qué hacer con aquella información, callarme y hacer como si nada o comentárselo a Adrián. Estuve varios días dándole vueltas al tema y, finalmente, decidí que, si fuera al revés, a mí me gustaría que me lo dijera.
Intenté buscar el momento perfecto, uno en el que estuviera relajado, así que un domingo por la tarde mientras veíamos la tele, le dije que tenía que hablar con él y se lo enseñé. Por supuesto, también se quedó en shock, era algo que no se esperaba ya que la imagen que tenía de su padre no se correspondía con nada de lo que se mostraba allí.
Después de darle muchas vueltas, decidió que iba a hablar con su padre y, aprovechando uno de los domingos que iban al campo de fútbol se lo comentó y lo que le dijo, todavía hoy me desconcierta.
No solo no se lo negó, sino que le dijo que esa no era la única app que utilizaba. Resulta que los padres de Adrián habían decidido varios años atrás ser una pareja abierta y una de las formas que tenían ambos de conocer gente nueva era a través de Tinder. Le dijo que su madre estaba de acuerdo y que éramos unos antiguos por no plantearnos hacer nosotros lo mismo.
A mí aún me cuesta un poco todo esto y ya no puedo verle con los mismos ojos, pues siempre que quedamos me acuerdo de su perfil en la app, pero ya sabéis, si sois de Barcelona, utilizáis Tinder y veis ese perfil del que hablo, recordad que es mi suegro y que está en una relación abierta.
Angie Rigo

