Hace un año que me divorcié, con un niño de 3 años. Lo que en principio se suponía que iba a ser un divorcio más o menos civilizado ha terminado en batalla campal.

El padre de mi hijo trabaja hasta tarde y yo tengo una reducción de jornada precisamente para el cuidado del niño. Habíamos quedado en que la idea era que estuviese conmigo a diario con visitas por su parte y fines de semana alternos. Una custodia monoparental de libro, vaya.

Cuál fue mi sorpresa, cuando al cabo de tres meses de estar operando así, me llegó una carta del juzgado donde el pavo me demandaba y me pedía la custodia compartida, que recordemos que, por horario laboral, no puede ejercer.

No sé si le llevó a hacer esto que de pronto me quiso hacer daño, o el no pagar la manutención… me da igual, pero jugó muy sucio porque no era en lo que habíamos quedado, ni se molestó siquiera en comentarme que había cambiado de opinión, sino que me enteré directamente por la carta del juzgado.

La cosa es que, contra todo pronóstico, en el juicio le han dado la custodia compartida, ya que es lo que se pretende que se implante como norma general en caso de padres y madres normales donde no existan problemas graves. Equidad, paridad y estas cosas que sabemos, que como concepto están bien pero si se ejercen con cabeza y no de cualquier manera, porque hemos pasado de un extremo a otro. De que casi siempre se quedasen los hijos las madres a que ahora se los den a mitad a los padres sólo por el hecho de serlo biológicamente, aunque los tíos sean unos inútiles como mi ex y no se hayan encargado nunca de nada.

Esperando estaba yo que llegase el día para ver cómo se apañaba con el niño y me llamase desesperado, pero resulta que, al final, el muy sinvergüenza no ejerce la dichosa custodia sino que el niño vive en los días que a él le corresponden con su madre y abuela del peque.

El escenario es el siguiente: él trabaja y vive a su antojo como si no tuviera hijo, a cero euros porque al tener una custodia compartida no tiene que pagar manutención alguna. Su madre a su vez vive una segunda juventud ejerciendo de madre de un bebé que no es suyo siendo una persona mayor, y yo mientras tanto, me muero del dolor de no tener a mi niño cerca cuando soy su madre y quiero ejercer ese papel.

He intentado hacerlos entrar en razón por todos los medios, primero al padre, que ahora de pronto no quiere ni hablar conmigo prácticamente. Pero es que también he hablado con mi exsuegra con la intención de que entienda que está siendo una cómplice necesaria en que su nieto no esté ni con su padre ni con su madre y en que su hijo se lave las manos y se desentienda del niño.

Porque esa es otra, entendería que su madre le echase una mano, pero no es el caso, es que directamente mi hijo se pasa con ella toda la semana y el padre lo recoge sólo una tarde del finde, no duerme ni una sola noche con él.

No puedo entender de ninguna manera a mi ex, pero tampoco a la abuela. Me parece muy miserable querer jugar a las casitas con cerca de 70 años con el bebé de otra. Me parece imperdonable hacerle eso a otra madre cuando ella lo es, y pudo criar a sus niños y tenerlos cerca.

¿No podría decirle a su hijo que ella puede echarle una mano pero no cargarse con esa responsabilidad? ¿No podría decirle que para eso está la madre del niño llorando por los rincones si él no puede como padre hacerse cargo?

Lo he recurrido y en esas estamos, esperando que la señora jueza entienda que no todo vale por la paridad y la equidad. Que hay padres fabulosos pero que también los hay que son de chiste, como el de mi hijo.

 

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