Iker y yo llevamos quedando algo más de seis meses. No somos novios, ni tenemos nada estrictamente formal, pero quedamos de forma habitual y compartimos momentos y planes a veces más allá del sexo.
Yo estoy muy a gusto con él y esta forma de relación también me va bien de momento. No me planteo qué pasará en el futuro ni tampoco es algo de lo que me apetece preocuparme ahora, sino que ambos estamos genial y, de momento no hemos hablado de nada más.
Nos entendemos muy bien y tenemos aficiones comunes por lo que encontrar planes que nos apetece hacer juntos es relativamente sencillo y, sin ser nada obligatorio, nos va saliendo de forma natural. A nivel emocional también nos entendemos y, sobre todo, tenemos mucha química a nivel sexual así que yo, estoy encantada. O lo estaba hasta hace un par de semanas.

Iker y yo habíamos quedado el fin de semana como tantos otros para hacer algo juntos. En concreto, nos fuimos a escalar por la mañana, fuimos a comer a un restaurante japo y después, decidimos acercarnos a casa de Iker que era la que estaba más cerca para pasar la tarde y descansar un rato. Nos metimos en la cama a dormir un poco la siesta con la tele de fondo.
Es verdad que yo tampoco tenía muchas ganas de dormir y sí más de marcha, pero Iker estaba bastante cansado, así que se puso a dormir casi de inmediato. Yo estuve dando vueltas en la cama un rato, pero en momento decidí darme una alegría a mí misma y cuando estaba a tope en el tema Iker se despertó.
A mí no me importó para nada que me viera ya que lo considero algo normal, pero a él no le pareció demasiado bien.
Al principio, le pilló por sorpresa y no supo muy bien qué decir y luego se levantó de la cama y se fue al salón casi sin mediar palabra, solo diciendo que le avisara cuando acabase.
A mí me cortó un poco el rollo, así que me vestí y le acompañé al salón para saber un poco qué estaba pasando.
Me dijo que no le parecía bien que me masturbara estando él al lado, que entendía que la gente se masturbara y que él también lo hacía, pero que creía que era algo privado y que no se debía hacer algo así en presencia de más personas.
Yo le dije que, aunque entendía su postura, creía que no era algo de lo que avergonzarse y que, dentro de la intimidad de la pareja, también era algo que podía ser divertido y totalmente compatible con el sexo con el otro.

Pero no le pude sacar de su posición. Dijo que ahora ya no podía verme con los mismos ojos y que estaba, incluso, un poco decepcionado conmigo. Como pensé que quizás era un arrebato del momento, decidí coger mis cosas e irme a mi casa para que se templaran un poco las aguas y poder verlo con perspectiva y hablar después tranquilamente.
El problema es que ha pasado ya más de una semana de todo esto e Iker no ha vuelto estar igual, apenas contesta a mis mensajes y si lo hace, no es el mismo de antes, esquiva mis propuestas de quedar (aunque sea para hablar) y no ha querido hablar más del tema.
La verdad es que estoy un poco perdida ya que, aunque él me gusta, tampoco creo que haya pasado nada grave como para que lo nuestro se acabe por esto, pero tampoco estoy dispuesta a cambiar lo que soy a cualquier precio.
Le daré un par de semanas de margen, pero creo que ya tengo claro que, si esto para él es algo insalvable, no merece la pena que siga insistiendo.
Relato escrito por una colaboradora basado en el testimonio de una lectora.