La verdad es que desde que tengo uso de razón he tenido claro que no quería tener hijos. Nunca me han gustado los niños y traer a este mundo cruel a personitas por las cuales voy a sufrir de por vida, no ha sido jamás mi ilusión. Pese a ello, ahora soy madre y amo a mi hija por encima de cualquier cosa, pero he de reconocer que me quedé embarazada solo por complacer el deseo de quien para ese entonces era mi pareja.
Mi ex-pareja y yo llevábamos ya unos cuatro años juntos y un par de convivencia. De repente, él, quien sabía perfectamente que yo no quería ser madre y quien compartía mi manera de ver el futuro, cambió de opinión. Dijo que quería vivir esa experiencia, que no quería irse de este mundo sin saber cómo sería ser padre y que quería que yo fuese la madre de sus hijos. Al principio, yo me negué encarecidamente y estuvimos a punto de cortar con la relación. Finalmente, después de hablarlo mucho, de llorar, y de reflexionar, accedí anteponiendo sus deseos a las míos
Mentiría si dijera que en algún momento tuve la certeza de que estaba haciendo las cosas bien, pero, por otro lado, algo me decía que a lo mejor el destino tenía preparado para mí un futuro que no había planeado, y me dejé llevar e incluso empecé a fantasear con ser madre.
Cuando me quedé embarazada, él se puso feliz. Yo tenía un sentimiento agridulce, tenía ganas de ver nacer a mi bebé, pero no estaba disfrutando del embarazo y eran muchas las dudas que me surgían de si podría ser una buena madre cuando era algo que nunca había deseado. No obstante, poco a poco fui ilusionándome con la llegada del bebé, y fui tejiendo sentimientos y emociones en torno a la maternidad. Creo que fui forzando unos sentimientos que realmente nunca hubieran nacido si no hubiese tomado esa decisión movida por las ganas de otra persona.
El embarazo no fue bueno, me sentía muy cansada y los primeros meses vomité muchísimas veces. Mi pareja, en lugar de estar cada vez más cerca de mí, estaba cada vez más distante. Me sentía sola, parecía que iba a ser madre soltera cuando realmente mi motivo principal para serlo era el de formar una familia con la persona que tanto quería.
Un buen día, mi pareja me dijo que teníamos que hablar: se había enamorado de otra persona. Era una compañera de trabajo con la cual había tenido una aventura, y al saber que ella correspondía sus sentimientos, decidieron dar el paso de estar juntos. No me lo podía creer, fue uno de los momentos más duros de mi vida. Iba a ser madre, sin haberlo querido nunca, por amor, y al final, iba a serlo sola.
Sinceramente, cuando recuerdo aquellos momentos no sé ni cómo pude salir adelante. Mi familia y mis amigas no me dejaron sola en ningún momento, pero mi ex-pareja cada vez estaba más centrado en su nueva novia y cada vez parecía interesarle menos cómo estábamos el bebé y yo. Cuando nació, estuvo en el hospital conmigo, al principio, intentó ser un buen padre, pero poco a poco fue desentendiéndose más y más de su hija, y de repente, me di cuenta de que me había convertido en madre soltera.
Acabé pidiendo la custodia de mi hija y me la dieron, no quería que mi niña estuviera con una persona que realmente demostraba no tener ni tiempo ni interés en ella. Parece mentira como pudo hacer algo así, pero a pesar de tener instinto maternal cero y pese a tener claro que yo nunca quise ser madre, creo que ahora no sabría vivir sin mi hija. Nunca me he arrepentido de haberla tenido, pero si pudiera volver atrás solo cambiaría haberlo hecho con otra persona.
Aunque quiera a mi hija más que nada en este mundo, tengo claro que nunca más voy a tomar una decisión transcendental anteponiendo los deseos de otra persona a los míos.
Mi ex ha tenido un niño con su nueva mujer, parece que ahora sí que es feliz y que para ese niño sí es un buen padre. Solo espero que eso no cambie si se enamora de otra persona y que no les haga el mismo daño que nos hizo a nosotras.
Relato escrito por una colaboradora basado en la historia real de una lectora
Envía tus movidas a [email protected]
