Estas últimas vacaciones he quedado, como siempre, con dos de mis grandes amores. El cuarto miembro del grupo no pudo venir porque vive lejitos, pero desde aquí quiero mandar un beso muy grande a mi amiga EMMA.

Total, que quedamos las tres con nuestros respectivos enanos para vernos, ponernos al día y cotillear un poco. O cotillear todo lo que se pueda mientras persigues a pequeños kamikazes en un parque. Si es que nos gusta un chisme más que a mi hijo su pato.

En esas estábamos, cuando mi amiga comentó que Marta se había mudado y, por casualidades de la vida, ahora era su vecina. Y esto, como no, nos llevó a hacer un repaso de la gente con la que pasábamos las horas.

Empezamos que si sabias que Marta y Sebas lo habían dejado, que si te has enterado que a Isabel la han echado del trabajo y ha denunciado a la empresa por despido improcedente, que si sabias que Alicia se ha mudado o que Claudia tuvo un hijo.

¡Qué fuerte! ¡Claudia preñada! ¡A su edad con hijos y todo!

Vamos a ver Andreíta y compañía, que Claudia, Sebas, Guille y los demás ya rondan los 40 y hace tiempo que tienen pelos por donde no les da el sol. ¿Por qué nos escandalizamos tanto? Cuando Carlos dejó embarazada a su novia a los 15 nos escandalizamos exactamente lo mismo que ahora.

Si nosotras estamos casadas y tenemos hijos, ¿Por qué ellos no?

No sé, igual es por aquello que dicen que si no lo veo no lo creo. Pero es como si toda esta panda a la que no veo desde que teníamos 18 años, en mi mente sigue teniendo 18 años. Como si fueran Jordi Hurtado y el tiempo no pasara para ellos.

O igual es por aquello que dicen que madurar es de frutas, y yo sigo siendo una adolescente encerrada en el cuerpo de adulta responsable. De hecho, muchos días me escandalizo pensando que yo misma estoy casada y tengo hijos tan joven. ¡Si acabo de terminar el instituto!

La verdad es que, a mis 39, de la época del instituto no me queda ni el recuerdo.

Y estoy hablando en primera persona, pero las tres (y podría incluir a la cuarta del grupo sin miedo a equivocarme) estábamos en las mismas. Seguro que os pasa a muchos de vosotros también.

Sea como fuese, me parece que es hora de aceptar que, los que estudiaron conmigo (y yo misma), ya somos cuarentones y casi tenemos edad para ser abuelos.

¿A vosotras también os pasa?

Andrea M.