No os imagináis la revolución que tenemos en casa, yo como nieta favorita, predilecta y teniendo en el top 1 de personas importantes en mi vida a mi abuela os diré una cosa: me alegro por ella. ¿El problema? Pues que el hecho de que se vaya a vivir a otro pueblo con un señor no me hace especial ilusión egoístamente hablando, la voy a echar de menos y no me imagino viviendo lejos la una de la otra. Pero oye, que si ella va a ser feliz así, yo apoyo a muerte.
Mi abuela es una trotamundos, no es de las que se quedan en casa haciendo la comida, no señora. Ella es de las que se va al bar a comerse su pintxo de tortilla, la que coge todos los viajes del imserso que se le ponen por delante, ya sea a Matalascañas o a París. De balneario que de montaña, de playa que de ciencia. Ella va a todos lados por dos duros y bien arrecha.
Pues el caso es que en el verano de 2019 se fue de crucero por el Mediterráneo TRES SEMANAS con todo su papo. En verano siempre se marca viajes largos, pero casi un mes no se había ido nunca. ¿Qué le pasó allí? Pues que se enamoró de Juan, un señor que también es de la Mancha, pero vive a dos horas de nuestro pueblo y claro, no pueden conducir porque mi abuela no tiene carné y a él se lo han quitado porque ya no tiene reflejos.

Mi abuela tiene 76 años y el 78, están los dos estupendos, viudos desde hace muchos años, con hijos los dos y necesitados de compañía, de amor, de caricias. Porque sí, queridas, mi abuela se ha tirado a Juan. Con casi 80 años, mi madre y mis dos tías se escandalizaron, pero yo me meaba encima cuando lo contaba. Porque se pone roja y se cree que por decir pito es una malota, la quiero mucho. (Nos confesó que Juan tuvo que hacer trampas con la pastillita famosa, pero que a ella mientras le funcione se apaña).
Después de aquel verano y de llamarse los dos a diario, decidieron que él se viniera una temporada a nuestro pueblo de visita, que así se podían ver y estar juntos. Ojalá pudierais ver a mi abuela pavonearse por el mercado del pueblo, por la plaza, por el hogar del pensionista… ‘Juan es un muy buen amigo que se ha juntado conmigo’, le decía a todo el mundo.
¿El problema? Pues que Juan también tiene familia, también tiene nietos, también los echa de menos y también quiere estar con ellos. Así que se fue de nuevo en la Navidad del año pasado, llegó la pandemia y no se han visto desde entonces. Se llaman TODOS los días, ven juntos la misma novela y la comentan por la noche, se ponen pasapalabra y la ruleta… De verdad, os moriríais.
¿Qué ha pasado ahora? Pues que mi abuela está harta de la distancia, de la pandemia y de no verle. Dice que no tiene más de 75 años para vivir amoríos lejanos cuando pueden estar juntos, que él ya vino a su casa y que ahora le toca a ella, que aunque no lo parezca ella es una mujer moderna y puede hacer con su vida lo que quiera. Y qué queréis que os diga: PUES OLÉ ELLA.
Mis tías no lo aprueban, ponen el grito en el cielo casi a diario, que cómo se va a ir la loca a vivir con un hombre a su edad, que parece una niña de 16 años, que ella ya lo tiene todo en el pueblo… Y a ella es que se la suda, que dice que en cuanto pasen Reyes se va a vivir con él y que si ninguna de sus hijas la llevan en coche, pues se coge un taxi y tan tranquila, que pa eso tiene dinero.
Yo ya le he dicho que yo la llevo, pero que la voy a echar de menos y me ha contado un secreto ‘nena, seis meses yo vivo allí y seis meses se viene él, pero no se lo digas a tu madre, que yo no le tengo que dar explicaciones a nadie y cuando te quieras venir tú te vienes, que cama tienes y abuela también’.
Así que nada queridas, al parecer el amor existe, la distancia se supera y los cuentos de Disney no son tan cuentos, te puede llegar hasta cuando rondas los 80.
