Ya que todo el mundo está on fire con el trend de 2016, aquí va mi aportación. Por aquel entonces yo tenía 22 años y un novio que me ponía menos que un calcetín sudado. El pobre era muy buen chaval y tal, pero el sex appeal brillaba por su ausencia y creo que, llegados a este punto, yo me dejé liar por alguien que me doblaba la edad.

Más testimonios reales en whatsapp

Mi novio y yo vivíamos en ciudades diferentes; él era mayor que yo –sí, siempre me han tirado los mayores– pero si no era por mí, no nos veíamos en toda la semana. Y no, precisamente, porque él trabajase, sino porque, o me desplazaba yo, o él tenía demasiado perro para mover el culo. Entonces, nos veíamos los fines de semana cuando yo libraba en el trabajo y tenía algo de tiempo libre para ir a verle.

Mientras tanto, durante la semana, yo empecé a ocupar mis tardes yendo al gimnasio. Primero empecé a ir con una amiga, lo típico de ir a alguna clase tipo body pump o step, pero, poco a poco, mi amiga y yo dejamos de coincidir por los horarios y yo empecé a ir por mi cuenta.

Allí coincidía con un pavo que tenía, por aquel entonces, unos 40 años. Yo le conocía del pueblo, pero nunca habíamos hablado ni habíamos tenido contacto más allá de hola y adiós. Tampoco es que me hubiese fijado en él porque no era nada del otro mundo, pero, un día, me agregó al Facebook y empezamos a hablar.

Casi siempre hablábamos por las noches, me preguntaba por mí, por mi vida… hablábamos un poco de todo. Sin embargo, en el gimnasio manteníamos las distancias hasta que, un día, en una de las clases, la profesora nos puso por grupos para hacer un ejercicio y a mí me tocó con él. Ahí fue cuando nos pusimos a hablar en persona. Nos dimos los WhatsApp y hablábamos, ya no solo durante la noche, sino que nos manteníamos en contacto, también, durante el día. A todo esto, mi entonces novio no sospechaba nada porque, como os he comentado, solo nos veíamos los fines de semana.

Y, un día, después de la clase de turno en el gimnasio, decidimos quedar. Nos vimos en el parking y nos fuimos a una zona más apartada a charlar. Ese día no pasó nada, pero a ese día se le sucedieron otros hasta que, en una de esas quedadas, nos acabamos liando y, en otra, nos acabamos acostando.

Yo, que le tenía idealizado por eso de tener 40 años y tal, he de decir que me llevé una gran decepción porque follar, follaba regular y, besar, más de lo mismo. Lo único que me daba un poco de “chispa” era la inquietud de que nos pudiesen pillar en cualquier momento. Con el tiempo entendí que el pavo no me ponía nada, que era un cuarentón más que no tenía nada que agradar, a mi parecer, pero yo estaba falta de emociones fuertes en mi vida y eso, sumado a la inmadurez de tener 22 años, me llevó a tomar la estúpida decisión de que acostarme con él era una buena idea.

Acabé dejándolo con mi novio. No por remordimiento, sino porque entendí que nuestra relación no iba a ir a ningún sitio y mi rollo con el pavo de 40 años también acabó, porque me aburrí de él pronto. Gracias a Dios, crecí, maduré y he tenido relaciones sanas con hombres que me han atraído. Pero no repetiría la experiencia de volver a liarme con alguien mayor solo por el morbo de hacer algo “prohibido”.

Envía tus movidas a [email protected]