No soy muy fan de las citas a ciegas. Pero teniendo en cuenta cómo está el mercado, a veces no queda más remedio que aventurarse. Cuando una amiga te dice que tiene un amigo de un amigo que es perfecto para ti, te entran las dudas. Ya de primeras huele a desastre, pero soy de las que prefieren equivocarse a quedarse con la duda. Así, mi amiga le dio mi teléfono al chico en cuestión y empezamos a escribirnos. Era algo mayor que yo y había pasado malas experiencias, pero nada que no fuese normal a nuestra edad. Así que teniendo en cuenta que ya no estábamos para tonteos, decidimos no dar rodeos y quedar ese mismo fin de semana.
Tuve muchas dudas de cómo vestirme. No quería parecer ni demasiado seria ni demasiado lanzada. Íbamos a tomar unas cervezas un sábado por la noche, así que opté por algo sexy pero informal. Una falda vaquera y una blusa ceñidita y sin demasiado escote, pero eso sí, acompañados de unos buenos tacones.
Quedamos en un bar del centro. Yo estaba sentada en la barra. No nos habíamos visto nunca en persona y estaba muy nerviosa, pero cuando llegó y me sonrió pude ver que tenía una mirada franca y amable, y eso me hizo relajarme un poco.
Pero los problemas solo acababan de empezar. Cuando me bajé del taburete para darle dos besos de cortesía, descubrí que era bastante bajito. Con los tacones le sacaba algo más de una cabeza y eso no pareció hacerle gracia.

Me miró algo sorprendido y después miró mis tacones y me hizo un comentario sobre aquello, como si le molestase. Sinceramente, la diferencia de altura no es algo que a mí me preocupase demasiado. Era un hombre guapo y vestía bien. Tenía una buena conversación y parecía buena persona. Él, sin embargo, desde ese momento, empezó a mirarme de manera extraña.
La noche siguió y cambiamos de local. Nos fuimos a un pub a tomar unas copas y durante todo el tiempo insistió en que estuviésemos sentados. Miraba a su alrededor como si en cualquier momento fuese a venir alguien a por nosotros. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, que solo un poco nervioso.
Después de las cervezas y varias copas pensé que ya debería de haberse relajado, pero consideré que quizás llevaba mucho tiempo sin quedar con una mujer y que quizás por eso se comportaba así.
Lo convencí para levantarnos y bailar un poco. Y durante todo el tiempo, y eso que sonaba perreo puro, guardó las distancias. Si me acercaba a él, aguantaba un segundo y se alejaba despacio, como intentando que no me diese cuenta de que me rechazaba.
Y mi paciencia se acabó. Estaba claro que a aquel hombre le molestaba que fuese más alta que él. Así que le dije que me iba a casa.
Insistió en llevarme, aunque yo hubiese preferido volver en taxi, pero me vino bien para decirle que si no era su tipo no había ningún problema. Que entendía que hubiera cosas en mí que no le gustasen y que podíamos quedar como amigos.
Él dudaba si decirme algo. Durante todo el trayecto lo notaba contenido, serio, cada vez más nervioso. Cuando llegamos a la puerta de mi casa me dijo que se lo había pasado muy bien conmigo, pero que tendría que haberle dicho antes mi condición. Yo me quedé loca, no entendía por qué tenía que haberle pasado mis medidas antes de quedar. Le contesté que no era para tanto, que a mí no me importaba y que había muchas parejas así. En ese momento, sin mirarme a la cara, me dijo que a él no le gustaban los hombres.
Le dije que yo no era un hombre, que no lo había sido nunca y me miró desconfiando de mis palabras.
No tengo ni idea de cuánto tiempo hacía que aquel ser no estaba con una mujer, pero desde luego era el suficiente para no tener ni idea de cómo tratar ni a las mujeres ni a las personas en general. Eso para empezar, aparte de ser un homófobo/tránsfobo y un maleducado.
Desde entonces, cada vez que conozco a alguien, tengo la precaución de hablar lo suficiente con esa persona antes de quedar. Asegurarme de que no sea tan obtuso que necesite una foto de mis genitales para confiar en mi palabra y, sobre todo, para que la persona que quede conmigo me vea a mí y no a lo que sus miedos digan que puedo o no puedo ser.
Lulú Gala.