Tendría yo veinte añitos cuando me acosté con un chico muy poco experimentado que me dijo, sin paños calientes, “Qué rara es”, refiriéndose a mi vulva. Recuerdo haber contestado algo como: “Pues no sé, un coño.” Spoiler, el polvo fue un desastre y nunca más volvimos a follar.  

El caso es que, curiosamente, aquello que me dijo me dio bastante igual, y digo curiosamente porque a lo largo de los años he tenido múltiples complejos con mi cuerpo, pero nunca ese. Yo veía mi vulva y sabía que no era como las que se veían en el porno, tan rosaditas y simétricas. Sé que mis labios menores son largos y oscuros, pero jamás le he dado importancia, ni siquiera cuando aquel chico, que debía haber visto solo la chirla de su ex y la de las actrices de cine X, me dijo que era extraña. 

Ahora, con 31 tacos, viendo la última temporada de Sex Education, recordé aquel comentario que había quedado enterrado en mi memoria y pensé en aquel complejo que milagrosamente sorteé. No creo que se considere spoiler contar esto, así que os pongo en contexto: Aimee se interesa por los tipos de vulvas y se habla de la diversidad de las mismas. Qué sorpresa, ¿no? No somos idénticas por ahí abajo, no todas somos rosadas, ni simétricas, ni a todas nos cuelgan igual los labios menores, ni tenemos igual de gordos los mayores. VAYA, VAYA.

Como con los cuerpos, nos pretenden vender la imagen de un coño estándar, único, deseable y victorioso, pudiendo provocar que nos sintamos mal con el nuestro, y que incluso algún torpe bocazas nos mire con extrañeza antes de metérnosla. Cada vez más mujeres se hacen operaciones estéticas íntimas para mejorar, o, perdón, estandarizar el aspecto de sus vulvas. En concreto, la labioplastia es el procedimiento por el cual se modifica el tamaño o aspecto de los labios vaginales. Según este artículo del año 2019, “En 2014 se registraron 965 intervenciones de cirugía íntima femenina que representaban el 1,5% de las operaciones de cirugías estética que se practicaban en nuestro país. Un porcentaje que subió al 1,8% al cierre de 2018”.

Basta, por favor. Basta de convertirnos en dianas de complejos, por todas partes, en todas partes de nuestro cuerpo: por el tamaño de nuestros culos, de nuestras barrigas, de nuestras tetas, por nuestra estatura, por nuestro tipo de pelo, por el puto tamaño de nuestros labios vaginales o el color de nuestro ano (que lo del blanqueamiento anal da también para rato). Tenemos que ser muy fuertes, todo el rato, para aceptarnos y luchar contra estas mierdas. A veces es agotador, así que hagámoslo juntas. Tu coño está bien como está, seguro. 

Por cierto, en la serie de Netflix se habla de una web llamada “All vulvas are beautiful”. Resulta que si lo pones en el buscador aparece y entrando en ella se nos enlaza con un perfil en Instagram llamado “The Vulva Gallery”, donde encontraremos ilustraciones y testimonios de distintas mujeres.

https://www.instagram.com/the.vulva.gallery/

Ana L.