Llega el, tan temido por las familias, mes de septiembre. Y no es sólo que se acabe el verano, las jornadas reducidas, los días de playa y el terraceo hasta tarde (que un poco también), es que llega el momento de abastecer a nuestros hijos e hijas de libros y material escolar por valor de lo que cuesta un huevo de dragón bañado en oro.
Hay quien piensa que el problema es el material del cole, pero no se da cuenta de que, tras un verano de sol y de criaturas que parecen hacer la fotosíntesis, vuelve el frío y los pantalones largos que, de pronto, se han convertido en piratas. Las cazadoras del invierno pasado son manga 3/4 y las camisetas, crop tops. Toca renovar medio armario y valorar a cuantos pantalones de deportes valdría la pena ponerles unas nuevas rodilleras o ya canta demasiado.
Así que tenemos por un lado el natural crecimiento de unas criaturas que cumplen su cometido sin piedad y, por otro lado, la educación.
No voy a entrar a hablar de las familias que deciden acudir a escuelas privadas o concertadas, pues es una elección totalmente libre y consciente, por lo que septiembre es más duro que otros meses, pero lo han decidido así. Voy a entraros a hablar de la enseñanza pública y “gratuita” que cada año es menos pública y menos gratuita.

Por un lado la masificación de los coles públicos llenos de docentes sobrepasados con aulas repletas de alumnado escondido hasta en los armarios donde no siempre pueden ofrecer los apoyos que el alumnado necesita, yendo en perjuicio de ambas caras de la educación. Profes más estresados y estresadas, alumnado peor atendido… La solución, cambiarte a un concertado o un privado (¡Vaya!). Por otro lado que si consigues plaza en un cole público que cumpla unos requisitos mínimos para ser una buena opción para tu familia, es posible que muchos de los servicios estén externalizados, o privatizados como el transporte o el comedor. Pero aunque no hagas uso de ninguno de ellos (a los que todo el alumnado debería tener derecho), llega el momento de comprar libros y material.
¡Ay, amigas! Qué susto me llevé cuando fui a recoger el libro de actividades de inglés de 4º de primaria y vi su precio. Yo recordaba que era el libro más barato cuando era pequeña, y así se lo dije a mi librera de confianza. Y me dijo “Y lo sigue siendo”. ¿Cómo? Pero entonces el resto de libros, ¿cuánto valen?
Aunque hay programas de préstamo para las familias que se reparten por renta (aún menos mal que en algunas cosas recordamos lo de la equidad), la enseñanza si es gratuita debería serlo de verdad. Que si tu niño quiere comprarse cada año una mochila nueva, que si tu niña quiere estrenar estuche, es una decisión tuya, pero que la carpeta archivadora de 50 separadores, con anilla y sobre al final de marca Churifluri que pide la profesora X cada año que vale 30 pavos y que no usan ni 10 de los separadores, que el libro de ejercicios de física de 70 lereles para la E.S.O. y que el libro de pre matemáticas para el alumnado de 5º de infantil (si, lo que era 2º de parvulario) debería estar incluido en esa gratuidad.

Entonces, charlando con la librera y con un cliente que estaba a mi lado, ella se desahogó con nosotros. Porque ella de los libros de texto apenas saca beneficio, pero alguien los tiene que vender además de las grandes superficies. Y sufre cada año cuando las editoriales mandan las listas de precios actualizadas… Esas que no son las mismas que el año pasado, y no solo por la inflación.
Las editoriales son conscientes de las ayudas a los libros (cheques del estado para material) y de los programas de préstamo. Podrían bajar sus precios y hacerse asequibles como para que una familia prefiera rechazar los libros de 5ª mano y comprarlos, pero en vez de eso, suben los precios hasta el cielo para que aquellos cheques no lleguen a nada, que las familias que tienen que comprar casi todos los libros, pasen un mes desesperado o incluso unos meses (si tienen que financiar sus compras), que aquellas personas docentes que deciden que hay que comprar libros para asignaturas que antes no los tenían hagan todavía más rica una industria injusta y cruel.
Obviamente las empresas van a buscar su propio beneficio, pero algo tan esencial y necesario, ¿puede subir 15 euros en un producto de 40 de un año para otro?

Hablar de control de precios e intervención del estado es algo para lo que nadie está preparado, ya sabemos que cualquier cosa que huela a “derechos de la ciudadanía” es casi terrorismo. Pero quizá incluso aquellas personas que hablan de meritocracia, de clases medias inexistentes, etc., también querrían pagar unos precios más razonables por un material imprescindible para sus familias y dejar de empezar el curso con el culo encogido.
Es casi lógico que luego los nuevos gurús que venden cursos de cómo hacerte millonario creando tu marca personal y siendo un super humano, de lo primero que recomiendan es abandonar los estudios. Quizá ellos tengan la clave y se compren sendos Lambos con lo que se ahorran en los libros de Conocimiento del medio… Puede ser…
Yo, por ahora, prefiero seguir desangrándome cada septiembre en mi librería favorita y que mis peques crezcan sabiendo lo que es el pensamiento crítico, los hechos y las opiniones. Pero eso no quita que vaya a seguir quejándome y protestando por un sistema injusto y donde, de nuevo, el capitalismo salvaje campa a sus anchas ante la pasividad del estado.
Luna Purple.