Será que desde que fui madre solo voy sola al Mercadona y poco, eso fue lo primero que pensé, luego recordé que soy una mujer, luego que no soy tan mayor, después tomé conciencia de que a pesar de que lo que más me gusta es pasar tiempo con mi hija, el resto de cosas no me han dejado de gustar. Y así, paso a paso, fui dándome cuenta de que soy una mujer humana, joven y que lo que pasó fue normal, aunque la reacción no tanto…

Acelerada, como siempre desde que fui madre, salí del trabajo y mi marido me esperaba en casa para bañar a la niña. Iba corriendo a coger unos lomos de merluza, mi madre mientras iba a por algo de pan y al entrar en el pasillo del congelado, un poco perdida porque no conozco bien ese Mercadona, suelo ir a otro, me tropiezo con tremendo ejemplar de varón ( me parto sola de risa al recordarlo, y al expresarlo así) Yo ni siquiera sabía que me podía atraer alguien así, porque no soy de tener un prototipo de hombre pero, si tengo tendencia a fijarme en más o menos un patrón, os garantizo que ese no tendría nada que ver. 

Era grande, enorme, le podría llegar yo por debajo de su pecho, vestido de negro, nada arreglado, pantalón corto de entrenar, de estos anchos y finos y una camiseta con deportivas. No sé qué tenía en las manos pero, estaba leyendo una etiqueta, y una sola de sus manos abarcaban toda la caja del producto, solo lo estaba viendo de perfil y se le veía la barba oscura, aunque de piel no era demasiado moreno, sonrisa y labios perfilados, ojos negros con cejas contundentes…

Se me encendieron las hormonas todas a la vez, como en la peli “Del Revés” pero, en vez de neuronas, en mi cuerpo estaban al mando las hormonas. Calor, ojos como platos, corazón acelerado,…De fondo la voz de mi madre, muy lejos, preguntándome si quería “noséqué”, pero, tenía los sentidos bloqueados.

Creo que me quedé tan paralizada, que sintió mi presencia y de pronto me mira, se ríe y me saluda…No lo conozco, pero, bueno es un pueblo nos conocemos todos, seguro que solo lo hace por ser amable. Es más, seguro que es un chico joven y por eso ni me suena… pero, lo analizo, de frente aun me pone más, gu a u, yo, que sin una conversación no sé decirte si alguien es ni interesante o medio guapo, ahí, con todos los instintos animales alerta, encendida delante de ese pedazo de tío.

El hecho es una tontería pero, a veces, nos olvidamos tanto de nosotras, nos ponemos tan en un segundo plano, nos dedicamos tanto a que los demás estén bien atendidos, que no recordamos ni  lo que somos.

Cuando se es madre, te ciega el amor, te ciegan las tareas del día a día y cuando te das cuenta han pasado 8 meses y ves a un buenorro en el Mercadona y no sabes ni cómo actuar. Ni si quiera controlas tu cuerpo, os juro que sentí chispazos en la mente.

Seguí dando vueltas como pollo sin cabeza, pensando en la situación, sin centrarme en la compra y de repente, nos volvemos a cruzar, y me coge un bote de claras de huevo, me mira y me dice “Pensaba que lo habían quitado y solo los han cambiado de sitio”. Me puse nerviosa, sonreí y de nuevo sentí todo el calor en mi cara, empecé a mirar a todos lados pensando “a mí no puede ser a quien habla”, en su universo de tío bueno no pueden existir las madres a las que nos cuelgan las barrigas y las tetas y nuestros muslos son de slime.

Pensé, me debe estar hablando en plan señora del super, habrá intuido que sé dónde está todo en las estanterías, sin más…Porque en este mundo de envases, ese es el aspecto con el que cuento ahora mismo,…Todo eso pasó por mi mente en milésimas de segundos y no fui capaz de cruzar ni una palabra, me giré como la que baila un tango, de golpe y cogí cualquier cosa que metí en la cesta.

Mercadonaman no tiene la culpa, aunque estoy totalmente segura de que me habló sin más, solo quiero decir que aunque yo no estoy en el mercado, esto no quiere decir que los Mercadonamanes de la vida no me pongan como una moto, Sisters, nos queremos mal.

En primer lugar, en milésimas de segundo fui capaz de autocriticarme desde el pelo a los calcetines. Todo era feo e indigno de mirar, y todo me lo estaba diciendo mi cerebro a mí misma.

Quizá tenga que ver que nos dejamos en segundo plano, aplazamos hasta ir a hacer pis, nos crían como cuidadoras eternas, nos hacemos mal cuerpo hasta por prolongar cinco minutos una ducha,…Nos olvidamos tanto de nosotras, que para poner los pies en la tierra tiene que pasar un Mercadonam de dos metros por delante de nuestros ojos, a modo de muro, y casi decirnos ¡Eo, hay una mujer dentro de ti! ¡Eres una persona!

 Esta historia no va de tíos buenos, va de “tías malas”, malas para sí mismas, de lo que nos hacemos a nosotras, nadie nos lo exige más que ese legado de años y años, de voces como eco en nuestros cerebros, dándonos cargas mentales, machacándonos si no lo tenemos todo perfecto y culpándonos de todo lo que no sale bien. 

Nuestros hijos serán mucho más felices tienen madres felices que si tienen toda la ropa lavada, serán más felices si sus padres se quieren y hacen el amor que, si están todo el día trabajando para darles cosas materiales. Nuestros hijos serán más felices durmiendo una noche en casa de la abuela para que su madre se vaya a tomar dos vinos con las amigas, descargue estrés, haga cosas de adultos y vuelva feliz…Y todas los sabemos, pero, nos empeñamos en ser perfectas, y cuanto más lo hacemos, más nos metemos en el fango. Porque esa perfección consiste en ser felices con la casa algo desordenada pero, con el cerebro fuerte y bien de oxitocina, porque a lo que llamamos perfección es una sarta de autocrítica y sensación de tareas inacabadas que nos lleva a la ansiedad y de ahí para abajo, a hundirnos totalmente.

Sister, quiérete, porque ahí empieza el amor a los demás, en lo bien que tú te cuides.

Posdata: Señor Mercadonaman, tuvo usted suerte de que esté fuera del mercado, si no, te garantizo, que esa noche habríamos cenado tortilla de claras y lomos de merluza y de postre habría repetido varias veces y sin cucharas, ibas a ver como se mueve el slime en primera persona.

Aunque lo contemos con humor, las mujeres necesitamos ir eliminando estas cargas mentales a la voz de YA.