Llevo divorciada unos meses y la verdad es que al principio no fue fácil. A la historia sentimental, familiar y económica, hay que sumarle también la social. Estando casada salíamos con otras parejas y yo también he tenido siempre mi grupo de amigas, pero éstas están casadas a su vez y tienen obligaciones familiares, por lo que no siempre puedo quedar para verlas, aunque siempre estén ahí para lo que necesito. Es decir, tengo amigos para tomar un día suelto una cerveza, pero no tengo una red de gente como tenía antes con la que hacer planes, escapadas y salidas.

 

 

Una de mis amigas me dijo que su hermano, soltero, estaba suscrito a algo así como un sitio web donde se conocía a gente soltera o divorciada en nuestra ciudad, por grupos de edad. A mí al principio me pareció súper triste, qué queréis que os diga. Ese prejuicio de tener que “buscar” amigos me limitaba en cierta forma y no lo veía opción para mí. Era como admitir no tener a nadie disponible y me parecía un poco como de persona desesperada.

Pasaron las semanas y una noche, aburrida, entré a olisquear en internet. Y oye, lo que vi me pareció divertido. Además de quedadas, hacían viajes, y eso sí que me pareció bien, porque se acercaban mis vacaciones y no había cerrado nada, simplemente, por no tener con quién compartirlo.

He de admitir que me costó vencer el prejuicio y el miedo también a lanzarme a lo desconocido, pero mereció muchísimo la pena.

Antes de cerrar el viaje quise conocer a alguna gente del grupo, para ver si se trataba de personas que cuadraban conmigo, por lo que acudí a una quedada. Me acogieron súper bien y me di cuenta de que la gente, hombres y mujeres que rondaban mi edad, eran personas normales que sencillamente se encontraban en situaciones parecidas a la mía y querían ampliar su círculo. Seguí saliendo con ellos en otras ocasiones y muy bien, como en todos los grupos: hay quien te cae mejor, quien peor, quien es más afín a ti… lo normal. Todo esto me sirvió para animarme con algunos de estos nuevos amigos a irme a Estambul en mis días de vacaciones.

El viaje estaba súper bien organizado y acudieron 40 singles de toda España, por lo que conocí a muchísima gente de diferentes puntos y acabé haciendo grandes amigos. Uno de mis miedos era sentirme sola en algún momento, pero también comprobé que para nada, porque allí todo el mundo va igual de solo, así que todos somos la compañía de los demás. Las personas que acuden a estas cosas tienen una predisposición a charlar y a conocer gente que hace que todo sea muy cálido, muy cercano.

Mi experiencia desde luego fue súper gratificante. Hay gente de todo tipo, como en la vida misma, pero con saber a quién acercarte y a quién no, tienes suficiente, simplemente tal y como lo haces en la vida real.

Hice como os digo amigos nuevos e incluso conocí a un chico que me encantó y con el que viví unos días bonitos como cuando se tienen 15 años y va en tu excursión el chico que te gusta. Él vive en otra provincia y además yo no estoy todavía abierta a relaciones, pero sí es cierto que este hombre me recordó que se puede volver a sentir mariposas en la barriga y que tras un divorcio no se acaba el mundo en lo que a lo sentimental se refiere.

Ambos supimos que fue como un amor de verano, algo fugaz e imposible, pero, esos días de casi volver a la adolescencia, no me los quita nadie.