Me recomendaron tantas personas y tantas veces al mismo fisioterapeuta que acabé sucumbiendo y cogí cita por primera vez hace algo así como un par de años.

Tenía mucha reputación porque era el fisio oficial del equipo de fútbol de primera división de mi ciudad y me pareció correcto que ya que tienes que pagarle a alguien 50 pavos la hora para que te deje como se supone que tienes que estar de normal, al menos que fuera alguien con buena fama y buenos resultados.

Nada más tumbarme en la camilla, ya estaba más cómoda de lo que suelo estar cuando voy al fisio porque no me hizo quitarme los pantalones, sino solo la camiseta y los zapatos. Me quedé en sujetador y con los leggins que llevaba, y eso me gustó más que otros sitios en los que te despelotan.

Empezó la sesión conmigo boca arriba y todo iba genial, la verdad, notaba cómo me iba desbloqueando poco a poco y mi cuerpo se iba relajando por momentos. Luego me dijo que me diera la vuelta y empezó a masajearme la zona que más me suele doler, y yo ya estaba casi llegando al nirvana, cuando noté que él se apoyaba en la parte de atrás de mi brazo (a la altura del codo). Esto lo noté sin más, como notas cada cosa nueva que te están haciendo en un sitio al que no has ido nunca.

Pero de pronto, lo que me pareció que estaba apoyando en mi brazo eran sus huevos.

Yo tenía la cabeza metida en el hueco ese de la camilla y lógicamente no podía verle a él, pero tal y como estaba colocado, no quedaba otra que que estuviera apoyando todo el paquetorro blandurrio (gracias a dios) encima de mi brazo. No dije nada, porque imaginé que siendo fisio de un equipo de fútbol, eso de la invasión del espacio personal no tendría ningún sentido para él, siempre hemos visto que el deporte es el único espacio a salvo para tocarse entre hombres heteros.

Pero por supuesto que nada más llegar a casa, mandé unos cuantos whatsapps a estas personas que me lo habían recomendado para preguntarles acerca del asunto. Todas me dijeron que sí, que el tío te pone los huevos encima del codo, del hombro, de la rodilla, de donde le pille bien, pero nadie le dio la más mínima importancia; nadie dijo haberse sentido incómodo con ello; entre ellos había chicos y chicas y nadie tenía ningún problema con que su fisio le apoyara la huevada encima. Bien. Yo sí lo tenía, pero también me había hecho el mejor masaje de mi vida, así que volví a coger cita con él.

La sesión siguió exactamente los mismos pasos, y cuando llegó el momento de sostenerle los huevos con mi brazo, saqué mi cabeza de la camilla y me di la vuelta. Le dije:

―Perdona, una cosa, no me siento muy cómoda con que estés apoyando la entrepierna en mi brazo.

Noté que estaba roja en el instante, entre la rabia que me daba la situación, el apuro de decirle esto a un profesional, y bueno, el agujero de la camilla que siempre me deja la cara marcada…

El tipo me miró super extrañado, y me dijo:

―¿¿La entrepierna??

Había dos posibilidades, o que la hubiera cagado, o que el tío fuera un desgraciado y quisiera hacerse el loco, pero me daba que la liada era mía.

Me dijo que mirara cómo estaba el colocado mientras yo estaba boca abajo y cogió la misma postura, y efectivamente, lo que yo notaba en mi brazo era su tripa, mucho más blandita de lo que yo esperaba que fuera.

No sabía dónde meterme, así que recurrí a lo primero que se me ocurrió. Le dije que todo el mundo pensaba que lo hacía, que era algo que se comentaba entre sus pacientes. Lejos de reaccionar mal o con preocupación, el tío se reía a carcajadas, y me dijo que ya iba a aclararlo con todo el mundo a partir de entonces, que gracias por hacérselo saber. Evidentemente, no he vuelto a cambiar de fisio jamás.