Mi hijo no es para nada fantasioso, jamás ha sido un niño de inventar historias. Ni siquiera le ha gustado nunca la ciencia ficción ni nada que se le parezca. Además, ya no es tan pequeño, tiene 14 años y es un chico bastante centrado con sus estudios, muy maduro y responsable.
La otra mañana se levantó callado, como muy impactado. Le pregunté y me dijo que, si me lo contaba, no le iba a creer. Le insistí y me soltó, sin paños calientes, que esa noche lo había visitado un extraterrestre en su dormitorio, de madrugada. Me lo juró por todo. Le dije que habría sido un sueño, pero decía que no, que imposible. Que tiene un reloj digital y que vio pasar los minutos perfectamente, además de que, después de que el supuesto alien se fuera, ya no se volvió a dormir.
Sé que suena a pesadilla o mal sueño. Que el niño aún es pequeño y puede confundir cosas. Pero os aseguro que estoy empezando a creérmelo. Primero porque cuente lo que cuente, no cambia ni una coma. Y segundo por su reacción física al recordarlo: llora, se pone nervioso, suda.
Dice que estaba boca arriba en la cama y una gran luz en su cuarto lo despertó. No podía moverse. Abría los ojos y veía, pero no podía mover el cuerpo ni gritar. Había un extraterrestre a la altura de su cabeza. Siente que estaban examinando su cuerpo, aunque no sentía contacto físico. Sólo el corazón latiéndole en las sienes y un terror absoluto.
Lo describe tal cual las personas que aseguran haber tenido encuentros cercanos: color grisáceo, cabeza alargada, ojos grandes y negros. Dice que había otro ser más bajito a los pies de la cama, pero no podía verlo bien por la posición. Hablaban entre ellos en ruidos raros. Él miraba su reloj digital e iba viendo pasar los minutos, tratando de convencerse de que no era un sueño.
La escena duró, según él, unos cinco minutos de terror absoluto. Luego desaparecieron, la luz se fue y todo volvió a estar a oscuras. Se incorporó taquicárdico, llorando, y no volvió a dormir. Le pregunté por qué no nos avisó, y me dijo que estaba en shock y que pensaba que no le íbamos a creer.
Desde entonces no para de informarse sobre ovnis y extraterrestres. Ha encontrado imágenes en internet y reconoce perfectamente a los seres que dice que lo visitaron.
Seguro que, si alguien me lo contase, yo tampoco me lo creería. Pero os juro que mi hijo es un chaval súper maduro, y me cuesta creer, viéndolo tan afectado, que no sea verdad.
En fin, siempre nos quedaremos con la duda.
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