En la sociedad en la que vivimos, está mal visto que sean los padres los que se dediquen a criar a sus hijos. Ni guardes, ni niñeras, ni abuelos. Los padres.

Parece que, cuando una mujer decide dejar de trabajar una temporada para encargarse de su descendencia, todo el mundo se le echa encima.

Que si, que entiendo lo que puede significar depender económicamente de tu pareja y lo que puede acarrear. Pero, mientras ambos estéis de acuerdo y tengáis un plan sólido y que os funcione no debería de haber problemas, ¿no?

Pues ahora imaginaros la que se lía cuando es el padre el que decide quedarse en casa. Ese es nuestro caso.

Mi marido y yo teníamos claro que no queríamos hijos si no íbamos a verlos crecer. Con todo el respeto para quien lo haga, pero tener a los enanos 8/10 o hasta 12 horas fuera de casa, ya sea en la escuela infantil, con la niñera, o con los socorridos abuelos no nos parecía razonable.

Así que, antes de decidirnos a dar el paso, nos sentamos a elaborar un plan.

Yo, por mi parte, trabajo y tengo muy buen sueldo y puesto. Además, como mi trabajo está relacionado con la educación, solo trabajo en época escolar. Mi marido también trabaja, pero cobra mucho menos que yo y trabaja todos los festivos y fines de semana. Estamos hablando de que cobra menos de la mitad de mi sueldo.

No tenía sentido que yo dejase mi trabajo. Con mi sueldo, nos daba para vivir desahogadamente y hasta podíamos ahorrar un poco. Con el suyo, apenas nos daba para cubrir la hipoteca.

Así que decidimos que él dejaría de trabajar para estar con las niñas.

No os hacéis una idea de lo que tenemos que soportar casi a diario. Le han llamado calzonazos, vago, mantenido, aprovechado…

Los primeros fueron mis padres. Ya apenas tenemos contacto con ellos. Me da mucha pena porque las peques adoran a sus abuelos, y son sus únicas nietas. Pero es que no saben comportarse. Cada vez que los veo empiezan con sus “¿ya has dejado al vago ese?”, “¿menudo caradura viviendo del cuento”. Mi marido hace meses que no los ve, y yo como mucho los aguanto una vez al mes. Pero estoy hasta el coño y pensando seriamente en cortar contacto.

Su parte de familia y amigos no van tan a saco. Pero con lo de “que es broma”, también las sueltan. ¡Vaya braguetazo has pegado! ¡Tu si que sabes, viviendo a la sopa boba, pájaro! O “De mayor quiero tener una sugar mami, como tú”, son de las mas suaves que nos sueltan.

Que sabemos que bromean, y un comentario de vez en cuando pase. Pero todos los días soportamos varios y estamos hartos.

Nuestra vida, nuestra decisión. ¿A ti te afecta, te incomoda, te involucra o te importa? Pues ajo y agua. Igual deberías dedicarle un poco más de tiempo a tu propia vida, y dejar de meterte en la de los demás.

Mi marido adora cada segundo que pasa con las crías. Ha podido estar allí cada momento importante de sus vidas. Y, además, se encarga de la casa, de los médicos y de las citas varias. ¿Dónde exactamente ves que se dedique a vivir la gran vida?

En un futuro, cuando sean más mayores volverá a trabajar. Ya lo tenemos hablado.

Y por si os lo estáis preguntando sí, también tenemos un plan sobre que pasará en caso de divorcio para que no se quede en la calle. Lo dejamos todo hablado y bien firmado. Al fin y al cabo, es el padre de mis hijas. Por mucho que pueda pasar entre nosotros en un futuro, jamás voy a desearle nada que las pueda perjudicar a ellas.

Anónimo.