Javi y yo nos fuimos a vivir juntos muy jóvenes, teníamos poco más de veinte años. Después de cinco años de relación, decidimos separarnos a pesar de querernos mucho porque la convivencia había hecho mella en nosotros.
Él volvió a casa de sus padres y yo me quedé viviendo sola en el piso, lo decidimos así porque para aquel entonces mi sueldo era bastante superior al suyo y yo podía permitirme pagar el alquiler sola, él no. Aun así, nunca lo dejamos del todo. Después de estar un tiempo viéndonos de vez en cuando, decidimos volver; al no convivir la relación parecía que volvía a funcionar y fuese o no un error, decidimos volver a intentarlo, pero sin la convivencia.
Parecía que nuestra relación funcionaba, nos veíamos dos o tres veces por semana y nos sentíamos más unidos que antes porque ya no había discusiones ni problemas entre nosotros.
Recuerdo que cada noche nos llamábamos para desearnos las buenas noches, pero una tarde Javi me dijo que se iba a dormir ya, que le dolía mucho la cabeza. Evidentemente, esa noche no nos llamamos porque se suponía que él estaba durmiendo. Creo que aquí empezó todo. No sé si realmente lo noté más distante, lo que sí sé es que pasamos de vernos tres veces por semana a vernos dos y las quedadas cada vez eran más cortas, ya no se quedaba nunca a dormir, siempre tenía alguna excusa para no hacerlo.
De todas formas, él decía quererme como al principio y a pesar de que yo le pregunté si estaba dejando de hacerlo e incluso si había conocido a otra persona, él siempre me lo negó. Supongo que yo debería haber cortado antes una relación en la que ya no confiaba, una relación en la que cada vez me sentía más abandonada y la cual si ya no había funcionado conviviendo seguramente estaba abocada al fracaso.
Estuvimos dos años saliendo desde que nos separamos y recuerdo perfectamente como sucedió aquello que cambió el rumbo de nuestras vidas.
Era una tarde de febrero, yo estaba en casa de unas amigas, estábamos viendo una peli y al acabar decidí llamar a mi pareja para hablar un rato y concretar vernos. Es cierto que muchas veces no me cogía el teléfono, pero como siempre me devolvía la llamada cuando podía, tampoco le di mucha más importancia.
Sin embargo, ese día, me cogió el teléfono una mujer. Cuando pregunté por Javi me dijo que no estaba y enseguida le pregunté que quién era ella; me dijo que era su pareja y que veía que yo era su ex y no entendía por qué lo llamaba. Le expliqué todo, estaba tan atónita como ella, le dije que Javi era mi pareja aún y que no estaba entendiendo nada.
Ella se puso a llorar desolada, diciéndome que llevaban medio año saliendo y que al poco se habían ido a vivir juntos. La forma en la que nos había estado engañando a las dos era tremenda, y esa chica parecía merecerlo tan poco como yo.
Es cierto que ella lo conoció en el trabajo y sabía que tenía pareja, pero Javi apeló que estábamos muy mal y luego la engañó diciéndole que lo habíamos dejado. Ella y yo estuvimos mucho rato hablando; no pegué ojo en toda la noche, no me podía creer cómo nos había podido estar engañando a las dos de esa manera.
Al día siguiente, ella me escribió diciéndome que seguía fatal, que lo había echado de casa. Me dijo que estaba claro que él aún me quería, y que no quería entrometerse más entre nosotros. Yo le dije que era evidente que no nos quería a ninguna de las dos y que mi historia con él había acabado para siempre.
Pasaron un par de días y él me llamó, intuyo que delante de ella, para decirme que quería estar con ella y que no le hablase jamás. Yo le dije que no tenía ninguna intención de hacerlo, que me había hecho demasiado daño como para ello.
Al poco tiempo, ella me escribió diciéndome que no quería saber más nada de mí, que le había perdonado y que por favor no los contactara nunca más. Me pidió que si Javi volvía a contactarme la informara de ello, pero no lo hice, a pesar de que Javi me llamó un par de veces desde otro teléfono para decirme que me quería. Pensé que si se lo decía le daría otro disgusto más que no serviría de nada porque igualmente iba a perdonarle, no sé si fui egoísta, pero yo solo quería olvidarme de él y de todo aquella situación tan dolorosa.
Cambié de número de teléfono y lo superé.
Me costó volver a confiar en alguien, pero rehice mi vida y sé que ellos estuvieron años juntos y tuvieron dos hijos. También sé, por ella misma, que me contactó muchos años después, que le hizo lo mismo con otra mujer. Solo quería decirme que debería haberme escuchado y no haberlo perdonado.
Pero al final, cada persona es un mundo y todos aprendemos la lección cuando nos toca. Me supo muy mal por ella porque siempre pensé que era una buena persona, incluso demasiado buena; no hemos vuelto a hablar, pero por redes sociales he visto que también es feliz con sus hijos y su carrera de deportista profesional.
Por mi parte, todo aquello se quedó en un mal trago que me marcó y me enseñó que hay gente sin escrúpulos, tan egoísta como para mentir tanto y así llevar una doble vida.
