Antes de empezar quiero dejar claro que no tengo nada en contra de la policía, de hecho creo que hacen una labor esencial para la sociedad; mucha gente los critica, incluso se ha puesto de moda odiarlos, pero luego los llamamos si nos roban, nos agreden o en cualquier otro momento si los necesitamos. También quiero decir que, como en todos los trabajos, hay profesionales competentes y hay otros que no lo son tanto.
Una vez dicho esto, quiero explicar que mi pareja ha cambiado desde que es policía y que su forma de ser me gustaba más antes. Muchas veces me he planteado incluso separarme porque yo me enamoré de una persona con otro tipo de carácter. Aun así, sigo diciendo que no tiene por qué pasarle a todos los policías ni tiene por qué ser algo generalizado, pero sí es algo que he visto en mi marido.
Él trabajaba como recepcionista en un hotel y aunque no era algo que le desagradaba, siempre pensó que no era el trabajo de su vida.
Un buen día, me dijo que hacía tiempo que le iba dando vueltas a la idea de sacarse la oposición de policía nacional porque ayudar a la gente y hacer que las calles fueran más seguras era algo que podría llenarle. Yo le apoyé, era su decisión, así que le dije que durante el tiempo que opositara yo me dedicaría a las cosas de casa para que pudiera conseguirlo. Siguió trabajando y estudiando al mismo tiempo, se preparó las físicas y pasó todas las fases, también la entrevista.
Entró en la academia y tuvo que estar una temporada en Ávila hasta que por fin pudo ser policía.
Los meses en la academia fueron muy duros para él, nosotros no nos veíamos entre semana y me contaba cosas que me recordaban un poco al servicio militar, salvando las distancias. Su carácter empezó a cambiar, empezó a ser más brusco hablando y a ser más intransigente en sus opiniones.
Él siempre había tenido un carácter tierno, tranquilo, y nunca le habían gustado las peleas, ni siquiera los debates. Yo lo achaqué a que estaría estresado, habían sido unos meses muy intensos donde su vida había cambiado de repente y había estado un tiempo sin dedicarse a nada más que a trabajar, estudiar y entrenar. Pero al ser al fin policía, y trabajar de lo que quería, a pesar de estar muy contento de ello, su carácter no volvió al de antes.
Ahora es una persona que entra en conflicto con facilidad, si estamos en algún establecimiento y tiene alguna queja, la gestiona de una forma muy diferente de como lo hacía antes.
No puedo decir que sea una persona agresiva, pero sí más seca y contundente, y algunas veces creo que se excede en su forma de hacer justicia. Por otro lado, lo veo más intolerante con las decisiones de los demás, observo que con las personas cercanas no tiene mucha paciencia y que conmigo ha dejado de ser una persona cariñosa y relajada para ser alguien duro, distante y hasta en cierto punto engreído.
No sé si la causa de todo esto ha tenido que ver con la formación en la academia, con la relación con los nuevos compañeros o con el hecho de ser un agente de la autoridad, pero hay momentos en que no reconozco a mi pareja y que me pregunto si esto también hubiera pasado siguiendo en su trabajo de recepcionista o que si los policías deben ser así para poder mantener el orden y deben tener ese punto menos de empatía para que no les tomen el pelo.
Él no es consciente de ello, dice que es el mismo de siempre, solo que se ha dado cuenta de que no puede ser tan laxo en según qué temas, que la vida le va mejor desde que pone más límites. Yo dudo de que lo que hace sea poner límites; por ahora, mi relación con él me sigue compensando, pero la verdad es que no sé hasta cuándo.
Anónimo
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