Así como os lo cuento. Empiezo a tener pesadillas con el cole y estamos en  julio. 

Hace poco más de un mes que matriculé a mi peque de, casi, 3 añitos en el cole  y lo que en principio era todo ilusión se me está haciendo una bola enorme. 

Desde el centro nos convocaron a las nuevas familias para una reunión  informativa en la que nos iban a explicar cómo sería el inicio de curso en  septiembre y como serán los horarios del período de adaptación para que nos  podamos ir organizando (organizando !!! eso debería haber servido para  ponerme en alerta!). Llegó el día, cogí mi bolso y allí me planté convencida de  que lo que me iba a encontrar eran unicornios y polvo de hadas de colores. Nada  más lejos de la realidad. Me faltó una libreta para tomar apuntes y valor para salir  corriendo . 

Que si el baby tiene que ser de color amarillo pollito (ojo, no confundir con  amarillo limón que ese color es para otra clase), que si la merienda de media  mañana tiene que seguir no sé que menú semanal (pero es que mi niño no come  nada de eso…lloro), que si hay que llevar mudas etiquetadas en no sé dónde  con no sé cuántos datos( pero que mi niño es muy peque y no cabe tanta  información rotulada en su pequeña ropa), que si sería conveniente que  aprovechásemos el verano para enseñarle a abotonarse el puñetero baby  amarillo pollo y a bajarse y subirse los putos pantalones con una cierta soltura por no sé qué cosa de la autonomía personal y blablabla… 

Mientras la futura tutora nos daba toda esta información, yo miraba las caras de las otras mamis, (y algún papi que también los había), intentando escrutar sus  pensamientos. Todas estas exigencias para la escolarización de un peque de 3 años (2 todavía el mío), les parecerían normales? Yo pensaba que en cualquier  momento alguien tomaría la palabra para protestar educadamente por todas  esas normas absurdas. Error .  

A medida que la reunión iba avanzando, la mayoría de las familias, incluso, asentían con la cabeza y algún comentario por lo bajito pude escuchar de lo  bien organizado y previsto que tenía todo la maestra; que lo de marcar la ropa  era una idea buenísima porque así no había lugar a confusiones con la ropa de  los peques y lo de las meriendas con menú semanal que maravilla porque así  los peques aprenderían a comer equilibradamente . Perdona ?? en que galaxia  es buena idea que tenga que hacerme un Excel y ponerme 436 alarmas para  acordarme de todos los requisitos que se necesitan para que el niño vaya a la  escuela infantil? 

En serio, con el calor que hacía ese día, salí de esa reunión más blanca que  Blancanieves, con la cabeza echando humo por tanta norma y “cositas básicas de sentido común”, supuestamente ( para quién?). Solo quería huir de allí lo  más rápidamente posible y llorar de desesperación ya sentada en el coche , pero  veía los corrillos de mamis y papis que se formaban espontáneamente al salir  del aula en la que nos habíamos reunido comentando lo interesante que había  sido la charla. 

Necesitaba contarle todo esto a mi amiga Menchu. Ella me entendería, seguro,  está embarazada de su tercer hijo y es una chica práctica y resuelta. 

Pues veréis, resulta que mi amiga estaba totalmente de acuerdo con esas  “exigencias” de la maestra. En serio, Menchu?? Pues sí, que ya vería yo lo bien  que funcionaba organizarse así, que bien le iba a venir al niño para su  autonomía….y blablablá (oye Maricarmen, que ese discurso ya acabo de oírlo!!!) 

Ahora me espera un resto de verano agotador; recorrerme toda la ciudad en  busca del baby del color del pollo adecuado ( que ya he ido a 2 tiendas y justo  ese tono lo tenían agotado, ojiplática!!), buscarme la vida para que el niño coma  todo eso que ni quiere probar. Y escribir el Quijote en sus calzoncillos, no se me  vaya a olvidar …. 

Lucía R.C.