Mi prima es una chica joven, de veinticinco años, a la que nunca le han gustado los compromisos amorosos. Es lo que llamaríamos una vividora, de esas que queremos y adoramos como son. Tenemos bastante buena relación y nos vemos a menudo. Siempre nos divertimos con sus citas locas.

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Hacía un par de meses que estaba saliendo de manera oficial con un chico. Como todos los veranos, organizamos una barbacoa en mi casa e invitamos a toda la familia, incluida mi prima y su nuevo novio. Estuvimos en la piscina disfrutando de la familia y del verano.

Dos meses después recibí un mensaje de mi prima. Era un mensaje que me dejó sin palabras: era una ecografía. Pensé que era una broma y, con mi gran sentido del humor, le seguí el juego… hasta que me di cuenta de que era en serio. Me pidió que quedáramos para contármelo todo en persona. Me contó que unos días antes se había mareado, así que acudió a urgencias. Allí le dijeron que estaba embarazada de siete meses. Ella ni se había enterado. Le dijo al médico que no quería a ese niño y que quería abortar. El médico le dijo que con siete meses ya no se podía hacer. Para colmo, el padre de la criatura no era su novio actual, sino un rollete anterior. Todo era difícil de asimilar.

¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta? Puede que sea una chica delgada, pero no tanto como para que no se note un embarazo… además, por lo visto, solía tener la regla irregular y no le pareció extraño. Entonces recordé un programa que hacían en televisión, creo recordar que en MTV hace muchos años. Salían mujeres que no sabían que estaban embarazadas hasta que prácticamente daban a luz. Me sentía dentro de uno de esos programas.

Mi prima estaba completamente convencida de dar el bebé en adopción. La verdad es que su decisión me partió por dentro, pero no podía hacer nada. Era su vida y su decisión. No sé qué se le pasó por la cabeza o si le ocurrió algo, pero finalmente cambió de opinión. Y dio a luz a una niña preciosa. Su novio, al principio, dijo que se haría cargo de la niña como si fuera su hija, pero no tardó en salir corriendo y dejarlas solas. Y el verdadero padre de la niña no quiso saber nada. La única que sí quiso saber de ella era su abuela, de la que mi prima siempre se está quejando porque dice que es una pesada.

Pasado un tiempo, acudí a mi ginecóloga de confianza. Otra cosa no, pero la persona que me revisa el chichi tiene que ser buena profesional y que me dé muchísima confianza. Para ponernos al día, le conté el caso de mi prima. Se quedó alucinando. Me dijo: «¿En serio que esa era tu prima?». Al parecer, había sido un caso muy sonado entre los ginecólogos de la ciudad, y un amigo suyo era el médico que lo llevó. Me contó que ese tipo de casos solían darse cuatro o cinco todos los años en la ciudad. Vamos, que es algo más habitual de lo que pensamos. El caso de mi prima fue más conocido por todo el tema de la adopción y el control que tuvieron que hacer, ya que gran parte del embarazo no estuvo supervisado. Además, como buena veinteañera, mi prima no se preocupaba absolutamente nada por su salud y había estado haciendo todo aquello que no hay que hacer estando embarazada. Por suerte, no hubo ninguna complicación y todo salió bien.

A día de hoy está muy contenta con la decisión que tomó y disfruta de su maravillosa hija de cuatro años. Y yo aprendí que el mundo es un pañuelo y que la vida nos sorprende cada día.

SOFÍA ESTRELLA