¡Hola chicuelas!
Llevaba tiempo con el runrún del dichoso squirt. Que si lo pruebas sola, que si lees por internet, que si las amigas dicen que es el paraíso… total, que yo quería mi chorretón y lo quería ya. Y ayer, hijas mías, por fin ocurrió. Estaba con mi chico en pleno mambo dándolo todo, y de repente sentí una ola ahí abajo que no podía controlar. Fue un subidón increíble, me sentí la puta ama, empoderada y disfrutando como nunca.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí
Pero el drama vino en tres segundos. Mi maromo se queda parado en seco, se separa y se queda mirando el charco que habíamos montado en las sábanas con una cara de asco que no os podéis imaginar. Se quedó blanco y me suelta:
Oye… ¿te has meado en la cama? Pero, ¿estás bien? ¿te ha dolido? ¿tienes infección?.
Pasé de sentirme una diosa a sentirme como si tuviera ochenta años y se me hubiera escapado el pis en mitad del tema. Tuve que ponerme a darle una clase de anatomía allí mismo, con todo el chichi al aire y las sábanas chorreando. Se me hizo extremadamente raro que un muchacho de más de 25 años no supiera lo que es un squirt pero no me escondo, también me enorgullecí porque él siempre me había dicho que no ve porno, y va a ser que es verdad XD
El tío me miraba como si le estuviera contando una película de ciencia ficción. Decía que eso en las pelis era mentira que siempre creyó que les ponían ahí una manguera o algo y que de verdad pensaba que se me había soltado el esfínter de la emoción.
Me sentí súper orgullosa de que su educación sexual no viniera de vídeos de señores gritando, sino de lo que estábamos viviendo nosotros allí mismo, aunque fuera empapados hasta las orejas. No solo no se cortó el rollo, sino que al final nos lo tomamos como un logro de equipo. Cambiamos las sábanas muertos de la risa y terminamos la noche de una forma mucho más especial (y con una toalla debajo, por si las moscas que ahora una ya sabe de lo que es capaz).
Envía tus movidas a [email protected]