De manera natural, nos relacionamos con la gente que nos suscita más interés, con la que estamos más cómodas o con la que es más similar a nosotros. Desde bien pequeña, siempre he practicado esta idea de “no forzar” las relaciones (sin saber que la practicaba). Esta idea también es conocida como el “be water my friend” de Bruce Lee, o, en el taoísmo chino, el “wu wei”.
Wu wei significa estar en el presente y fluir con lo que quiera que pase. De manera natural, la vida te va llevando allí donde tienes que estar. El wu wei no significa no hacer nada, ni esperar que “el destino decida”, o “que sea lo que Dios quiera”; porque bien es sabido que si tú no haces nada de nada, rara vez habrá oportunidades para ti.
En mi caso, yo tengo tendencia a huir de los conflictos, y me cuesta mucho perdonar y confiar en la gente. Estoy trabajando para mejorar, pero es un arduo proceso. Y cuando estoy en esa situación en la que me veo forzándome para intentar hacer que las cosas pasen, me siento fatal. Esto no significa que no tengamos que esforzarnos por nuestras relaciones; al contrario, si vemos que una relación nos aporta, y sentimos que queremos seguir en ese vínculo, hay que hacer esfuerzos en común para que funcione. Pero si vemos que sufrimos y que no se respetan unos principios básicos para nosotras, es hora de plantearse qué hacemos ahí.
Para mí es un gran alivio haber descubierto el wu wei. Porque si no siento algo, no tengo por qué hacerlo, porque si no pasan las cosas que tienen que pasar y si una persona no es para ti, la vida te lo demuestra. El wu wei no exige ningún tipo de control, sino más bien soltar.
Seguramente os habrá pasado que a veces estáis en un lugar de trabajo, en una carrera, o con ciertas compañías que no os suman; sentís que ese no es vuestro lugar, que no encajáis, que no fluis. Y estáis forzando, poniendo toda vuestra energía en que salga bien, luchando. Pero resulta que, como ya habíais intuido, eso no era para vosotros.

Hay que hacer esfuerzos por lo que queremos, obviamente, pero también hay que prestar atención a lo que sentimos.
¿Ese esfuerzo que voy a hacer, va dirigido a algo que realmente quiero de corazón?
La zona de confort es cómoda, pero nos va matando y debilitando. Nos quita energía y va pasando el tiempo. Es difícil decidirse, es difícil arriesgar, pero ciertamente sabemos cuándo un lugar es el nuestro y cuándo no. Lo sabemos porque lo sentimos.
Por eso, en los momentos en los que he sentido que estaba en mi camino, por así decirlo, era en esos momentos en que el tiempo pasaba deprisa, en que compartía mi pasión, en que estaba alegre, en que me sentía yo y sentía que tenía posibilidades de conocerme, de aprender de los demás, de vivir siendo como soy. Me sentía a gusto. Y en esos momentos no había lucha: me gustaba lo que hacía y cómo era. En cambio, en los momentos en los que me sentía desconectada de mí, tenía que luchar por seguir haciendo algo que, en realidad, en el fondo, sabía que no era para mí.
Pero no es tan fácil descubrirlo, y una vez lo descubres, cambiar tu mentalidad y arriesgarte es más complicado si cabe. Aun así, parece que la vida siempre se abre camino, como una planta que crece y sortea todos los obstáculos. Ese es el wu wei, una planta que, simplemente, es.
No hay que preocuparse. Sabremos cuándo es el momento de hacer lo que queremos. Al final, es mejor vivir buscando ese equilibrio entre lo que que queremos y lo que nos ofrece la vida, y no forzar. Para conseguir ese equilibrio es necesario conectar con nosotras mismas, saber lo que queremos desde nuestro interior.
Y, así, poco a poco, la vida va fluyendo.
Lunaris