Amor & Polvos

Mi sexperiencia con el profesor de estadística

Todo comenzó el primer año de carrera cuando conocí a Miguel Ángel, mi profesor de estadística. Para que os hagáis una idea, era un tío de treinta y tantos que estaba para follarle hasta que el sol saliese por el oeste. Guapo, inteligente y divertido, y todas las chicas de clase estábamos coladitas por él.

Empecé a fantasear con la idea de ligármelo, pero por muchos ojitos que pusiese, bromas que hiciese o tutorías a las que asistiese, él pasaba de mi culo (visto ahora me parece normal, yo era su alumna), y el curso termino con él más guapo que nunca y yo más salida que el pico de una plancha.

La vida siguió su cauce y no coincidí con él ni en segundo ni en tercero (salvo las miraditas por los pasillos), pero los astros se alinearon y resultó que él era el profesor de una de las optativas de cuarto. Estaba más guapo que nunca y llamadme loca, pero empecé a notar un feeling entre los dos que me ponía a tope de power.

El curso acabó y yo aprobé, pero tenía que entregarle un trabajo para subir nota. Aproveché un día en el que nadie fue a clase y a la hora de comer me pasé por su despacho. Entré y estaba a solas, se me quedó mirando. No recuerdo bien pero supongo que hice algún comentario informal y dejé el cuaderno sobre su mesa. Lo que jamás se me borrará de la mente es como se me quedó mirando sin decir absolutamente nada, sólo esbozó media sonrisa que hizo que yo me estremeciese. Me dijo que tenía es ahora libre y que si quería, podía quedarme a comentar el trabajo con él a solas. Blanco y en botella.

Ahora me vais a odiar y me llamaréis idiota, pero me dio un ramalazo y me puse súper nerviosa. Le dije que me tenía que ir, que no podía quedarme. Sí, soy gilipollas. Tanto tiempo idealizando a este dios ibérico y cuando tuve la oportunidad de estar a solas con él me entraron los nervios y me cagué encima.

Supongo que él interpretó mi negativa como que no me interesaba nada con él y el coqueteo se acabó, pero el día de la graduación yo me pillé un pedo impresionante y la situación se me fue de las manos. Él estaba en la barra pidiendo y yo me acerqué.

Él – ¿Qué tal va la fiesta? Celebrando que ya no me vas a volver a ver el pelo.

Yo – Jajajajajaja… Eso es lo que más pena me da.

Él – Jajajajaja no sé si creerte.

Y empezamos a tontear a lo bestia hasta que me dijo que teníamos una charla pendiente. Total, que de perdidos al río… Con todo mi santo coño le pregunté si tenía despacho en su casa para ponerle yo nota a él.

Con sutileza nos marchamos y acabamos en su casa follando como perros, y para vuestro deleite diré que esa no fue la última vez… Hemos seguido viéndonos hasta el día de hoy, pero el polvazo de aquel día daría para relato erótico e innumerables posts.

Autora: una alumna aventajada.

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