TELEOPERADORAS: UN UNIVERSO APARTE

 

Pues sí, lo digo en voz alta y sin taparme la cara: soy teleoperadora. Sé que hay mucho odio hacia nuestro colectivo, pero de verdad que sólo cumplimos órdenes. Reconozco que empecé en este trabajo como algo temporal, y temporal es: llevo una temporada de 16 años nada más. Vamos a hablar claro, contar algunas anécdotas y desmontar mitos queridas personas que en algún momento tenéis contacto con nuestra especie.

Vamos a partir de que ni la persona que llama ni yo que recibo la llamada, tenemos ganas de mantener esa conversación, eso es así, así que, vamos a llevarnos lo mejor posible.

Tengo que contaros que, tener el DNI del titular es fundamental, de primero de llamada diría yo. Si os paráis a pensarlo, sabéis que tiene lógica. De todas formas, no lo pedimos por capricho, nos exigen que lo pidamos, así que, evitemos esta discusión sobre cómo entendéis que debemos entrar en vuestro contrato. Llegado este punto está esa frase mágica de: “yo sé que tú no tienes la culpa, pero…”. Cuando empezáis la frase nosotras ya hemos empezado a bajar el volumen porque sabemos que nos vais a gritar y mucho.

También está esta persona que te dice: ¿pero tú sabes quién soy yo?, pero con chulería por supuesto. Que nosotras pensamos que ya puedes ser el rey de España que se te va a atender igual. Por supuesto, no puede faltar quien nos dice que paga religiosamente sus recibos (yo no sabía que había tanta gente religiosa en este país). Y no podemos olvidar las millones de anécdotas que una persona que trabaja como teleoperadora te puede contar, sin duda, la mejor parte del trabajo.

Trabajando para una importante compañía de televisión he tenido grandes momentazos. Recuerdo que en un temporal de nieve llamó un señor y me dijo que la pantalla estaba en negro y había un cuadrado rojo (esto es un síntoma de que no está entrando la señal a través de la parabólica), pues bien, cuando se lo dije, me contestó que la antena estaba bien porque él la había quitado y metido dentro de casa cuando empezó a nevar.

En otra ocasión la cliente me dice que no ve y citó el nombre de la empresa, al preguntarle que en qué canal estaba la televisión puesta, me preguntó sorprendida: ¿pero tiene que estar encendida? Otro cliente me dice que no tenía señal, que no se veía nada, al comprobar el contrato veo que debía más de 200€, al decírselo me dice que eso no tenía nada que ver.

También estaban los casos de personas con importes pendientes que pedían que se lo activaras en fin de semana y ya llamarían el lunes para pagar (ya si eso llamarían el lunes, me da mucha confianza). Ya en otra compañía, esta de Internet, también tuve momentos estelares. Como el día que una clienta me dijo que no funcionaba el router y que no tenía internet, ante mi pregunta de qué luces estaban encendidas, la buena mujer me contestó que la de la cocina y la del salón.

También recuerdo que al decirle a un señor que se había cortado el servicio por impago me dijo muy altivo: “claaaro, nada más que dinero, sólo os interesa dinero, en cuanto no se paga se acaba todo”, yo me quedé pensando en qué momento aquel hombre creía que aquella empresa era una ONG en realidad. Os podría contar muchas más pero esto sería la historia interminable.

Vamos ahora con algunas creencias que tenéis. Os desvelo si son mito o realidad:

Mito número 1: No, no dejamos sonar el teléfono y lo cogemos cuando queremos. Tenemos unos cascos puestos y las llamadas entran sin parar, según acabas una llamada entra la siguiente. Siento deciros que no estamos limándonos las uñas mirando cómo suena el teléfono. Normalmente, no nos da tiempo a beber agua entre una llamada y otra, lo hacemos mientras nos vais contando lo que sucede. La culpa es de los jefazos que no quieren contratar gente para que no os jubiléis escuchando la maldita música de espera.

Mito número 2: no hacemos las cosas porque lo decidimos nosotras, tenemos protocolos para todo y si no los seguimos nos penalizan económicamente porque nos escuchan constantemente. Si dependiera de nosotras los servicios que damos a las personas funcionarían infinitamente mejor.

Mito número 3: ¿existe la teleoperadora borde? Por desgracia esto es verdad y la mayoría de compañeras no entendemos por qué sigue trabajando allí y nos da vergüenza ajena de escuchar lo mal que trata a la gente con frases como: pero ¿qué pasa que no me está escuchando o qué? Ojalá pudiéramos libraros de ellas pero no está en nuestra mano.

Para acabar, recordad cuando llaméis que somos personas y que, cuanto más amable es la persona que llama, más amables somos nosotras. Pero por favor, nunca dejéis de regalarnos grandes momentos. Os deseo que no os tengan mucho a la espera con la musiquita y que no os toque la borde.

Ana Ferrer Sola