Llevaba un tiempo buscando trabajo cuando una amiga me habló de un amigo que estaba buscando a alguien para trabajar con él en su tienda, así que no tardé ni un minuto en mandarle un currículum. Congeniamos muy rápido, él me enseñó su tienda de segunda mano, había empezado a trabajar a través de venta online también y las ventas habían aumentado, al igual que la carga de trabajo, por lo que necesitaba ayuda. Quería darle a todo un toque ecológico, hacer los envíos con empresas respetuosas con el medio ambiente, dar una segunda vida a objetos que otras personas desechaban. Vendía todo tipo de artilugios hechos por él con botellas de plástico, tapones y ese tipo de cosas. Me pareció un proyecto muy chulo y en cuanto me hizo una oferta formal, acepté sin pensar. 

Cuando llevaba solo unos meses la tienda iba tan bien que necesitaba un local más grande y un par de empleados más. Estaba esperando a que un amigo se decidiera a meterse en el negocio con él y así tener algo más de respaldo si las cosas iban mal, pero su amigo se echó atrás en el último momento. Entonces yo decidí arriesgarme por primera vez en mi vida y ofrecerme a ser su socia. Ni qué decir de lo contento que se puso, yo ya conocía el negocio, me había implicado desde el principio e incluso me quedaba a veces en el almacén en mi tiempo libre intentando convertir unos pallets en una mesa de exterior o en unos sillones con cojines reciclados. Y así entre los dos ampliamos un poco el negocio que siguió dando sus frutos, al igual que los dio el hecho de pasar tanto tiempo juntos. Siempre nos quedábamos hasta tarde en el taller fabricando cositas y escuchando música, teníamos tanto en común… Era casi inevitable que los sentimientos aflorasen. La atracción física era evidente desde el principio, pero cuando empezamos a compartir sueños y preocupaciones ya nada se podía hacer.

 Mi familia me apoyó mucho con el negocio, pero cuando empecé a llevarlo a comer los domingos a casa de mis padres y ya era más que evidente que estábamos empezando algo más que un negocio, mi madre empezó a asustarme con todo tipo de historias de cómo arruinar una relación con un negocio y viceversa.  No sabía cómo explicarle que no tenía nada que ver con lo que nos estaba pasando a nosotros. Nosotros teníamos un proyecto sostenible en todos los sentidos de la palabra y buscábamos lo mismo en la vida. La verdad es que me enamoré irremediablemente y él… Parecía que también. 

Pronto nos fuimos a vivir juntos y a compartir prácticamente todo nuestro tiempo. Pasado un tiempo mi amiga, la que me habló del trabajo, quiso venir a verme. Quedé con ella en la cafetería que había frente a la tienda y allí, muy preocupada, me contó un montón de historias del pasado de mi novio/socio. Me advirtió de su tendencia al engaño, a intentar ligar con todas las chicas con las que tenía contacto, que había sido infiel a todas sus parejas y que siempre estaba buscando una nueva conquista. Yo sabía algunas cosas porque él me las había contado, pero no era exactamente como ella decía, todo tenía un por qué y él ahora estaba realmente enamorado, preparado para tomar decisiones importantes conmigo y plantearse formar una familia pronto.

Agradecí la intención de mi amiga de cuidarme, pero le dejé claro que su amigo había cambiado, que nos queríamos y que estábamos levantando una empresa maravillosa con mucho esfuerzo. Entonces quise enseñarle los bocetos en los que había estado trabajando para hacer muebles con botellas de refresco. Cuando entré en el taller con mi amiga, allí estaba mi nuevo exnovio con el pantalón bajado, al otro lado la nueva empleada que “mejor la ponía en su turno para enseñarle bien el programa de la tienda”. No me lo podía creer, ¡¡mientras yo defendía su honor, él me ponía los cuernos!! 

Que ese mismo día sus cosas acabaron en bolsas de basura en la puerta de casa era más que esperado, pero ¿qué iba a hacer ahora con la tienda? Había invertido en ella todos mis ahorros, había pedido un préstamo y además no quería renunciar a un negocio próspero en el que había invertido tanto tiempo e ilusión. Decidí seguir con la tienda a condición de que elegiría yo a la plantilla. Y aquí sigo, da igual a quien contrate, jóvenes, mayores, de todos los estilos, todas acaban pasando por el taller en algún momento a ayudarle con su aparato, incluso al único chico que trajo currículum le enseñó la “esencia” del negocio. 

Y aquí estoy ahora, intentando decidir qué hago, si le vendo mi parte de un negocio que está dando muchos beneficios o sigo trabajando con la persona que me rompió el corazón y viendo como se tira a todo cuanto ser viviente pasa por la tienda.

 

Escrito por Luna Purple basado en una historia real