PROBLEMAS EN EL EMBARAZO

Cuando me quedé embarazada, todo eran comentarios tipo “disfrútalo, es una etapa muy bonita”, “va a ser una experiencia inolvidablee”. Inolvidable si que lo fue. Y os juro que, si de mi dependiera repoblar el mundo, nos extinguiríamos rápido. Ni aunque me lo suplicaran Jason Momoa, Brad Pitt y George Clooney juntos volvía yo a pasar un embarazo.

Culpo a mi madre de todo, por gafe.

Todo iba bien, estaba de 5 semanas y no tenía ningún síntoma. Hasta que me dijo, “que raro que no tengas vómitos ni nada”. Dicho y hecho. Como si me hubiera echado un mal de ojo, media hora después de esa llamada estaba yo abrazada al señor Roca. Y como siempre he sido muy exagerada para todo (Go big or go home que dicen donde vivo), pues tres días mas tarde estaba yo ingresada en el hospital por deshidratación.

El medico lo llamó hiperémesis aguda, yo lo llamo putada que te cagas.

Llegaba a vomitar entre 30 y 40 veces al día y, cada pocos días/semanas, tenía que ir al hospital a que me rehidrataran.

Para más inri, en el país donde vivo no existe el concepto de embarazo de riesgo, y si cogía la baja no cobraba después la baja maternal. Así que me tocó seguir yendo a trabajar. Cuarenta minutos de coche, con dos/tres paradas a vomitar por el camino.

Seis veces me cambiaron la medicación, pero ninguna ayudaba. ¿Lo peor? Los comentarios de la gente pasaron a ser “bueno, tu ya venías con peso  extra, así adelgazas”, o “míralo por el lado positivo, te estás quedando delgadísima”. Perdí un total de 32 kilos en el embarazo ¡y eso que tuve mellizos!, y salí del hospital con mis retoños con 8 kilos menos que al entrar.

Los vómitos no pararon hasta unos tres meses después de dar a luz.

La otra putada fue la SPD (Disfunción de la sínfisis del pubis). También llamado dolor de la cintura pélvica.

Mas o menos viene a ser que los huesos de la cadera/pelvis se quedan encasquillados y no funcionan.

Empecé a los cuatro meses mas o menos. Dolían las caderas, pero soportable. Poco a poco fue a más, y me mandaron al fisio. Pero tampoco sirvió de mucho.

Me recomendaron el cinturón de embarazo, si que aliviaba un poco (al principio), pero me pillaba la ciática, así que tampoco era solución.

Al quinto mes me mudé a vivir al sofá, porque era incapaz de subir las escaleras a mi habitación.

Al sexto me dieron muletas para poder andar.

Y al séptimo me ofrecieron la silla de ruedas, pero la vi poco practica y la rechacé.

Y lo mismo, a ir a trabajar. Por temas legales no podía quedarme en casa (si no iba a trabajar legalmente no podían abrir la empresa), pero mi jefe se ofreció a venir a buscarme todos los días y me preparo un sillón en la oficina para que pasara las horas.

Como la hiperémesis, el dolor de cadera tardó meses en desparecer.

A la semana 36, por fin pude dejar de trabajar, y en la cita para el plan de parto le supliqué, rogué e imploré al medico que me los sacara ya, pero me hizo esperar hasta las 37 semanas.

Como consuelo, mi inducción falló y me ahorré el dolor de las contracciones (pues nunca me puse de parto), aunque habiendo vivido la recuperación de la cesárea, no se si fue peor el remedio que la enfermedad.

Se que mi caso no es único ni especial, y millones de vosotras habéis pasado por lo mismo, pero quería compartirlo con vosotras y leer vuestras experiencias.

Andrea M.