Lo primero que suelen decir es que no conoces a tu pareja hasta que te vas de vacaciones. Cuando superas esta fase (y todo va bien) te dicen que no lo harás hasta que viváis juntos un buen tiempo y cada cual deje mostrar sus manías, sus defectos y virtudes.
Pero mienten.
La verdad es que no acabas de conocer a tu pareja en lo más profundo de su ser hasta que tenéis que cuidar de un recién nacido.

Puedes prepararte lo máximo para ser padre o madre leyendo libros, consultando blogs y a varios expertos, hablando con personas que ya tienen y hasta haciendo cursos sobre cómo parir en pareja, como criar des del respeto, aprender nuevos métodos de crianza y cómo educar a tus hijos y mil cosas más para no cometer los mismos errores que ves en los demás. Puedes tener en mente todo tipo de información sobre qué cosas son necesarias para un bebé o qué necesitas en tu casa los primeros días del postparto, como afrontar los cólicos, los llantos, el no dormir….
Pero nadie prepara a la madre ni al padre para PARIR ni para LACTAR. Chicas… Aquí aparece el primer indicio de cómo será vuestra pareja:
¿Se emociona en la primera ecografía o cuando nace? ¿Quiere ayudar en el parto? ¿Se implica en todo lo que le pides? ¿Le interesa el proceso? ¿Quiere aprender? ¿Quiere formar parte? ¿Te pregunta qué necesitas o qué puede hacer por ti? ¿Hace que te sienta segura y capaz? ¿Te abraza aunque no lo pidas porque sabe que lo necesitas? ¿Te acompaña en la lactancia: va a buscar agua o una manta y cojines, o duerme al bebé cuando no puedes más y tienes la sensación que te van a sangrar los pezones? Lo importante es el acompañante, no la compañía. Estar presente, atento, constante.
No es fácil. Son muchas pequeñas cosas que al principio parece que no tengan tanta importancia pero que al juntarlas pueden llegar a conseguir que te desmorones. Las noches que vas a pasar sin dormir o la cantidad de pañales que cambiarás al día, el estridente ruido que hacen cuando lloran, la peste de los vómitos o de las fugas de pis y mierda cuando los cambias.
La maternidad se vende como un mundo feliz donde la realidad de no poder ducharse en dos días porque no hay tiempo no existe, ni tampoco el agotamiento cerebral que requiere cuidar de una persona que depende de ti en todo momento. Desde su nacimiento vives en alerta el resto de tu vida. Hasta que te mueres. Tendrás 80 años y seguirás sufriendo por si a tu hijo/a de 40 le ha pasado algo… o lo que es peor ¡A tus nietos!

Dicho esto: Normalicemos que TANTA PRESIÓN afecte a nuestras relaciones de pareja. Hablemos de las ganas de estrangular que sentimos cuando vemos a la pareja dormir mientras una se ha estado una semana despertándose cada dos horas para calmar al bebé. Hablemos de la implicación real en la crianza y de nuestras expectativas. Hablemos de qué queremos y cuando lo necesitamos para no caer en la desesperación. Hablemos de tomarnos un respiro de vez en cuando, sin culpabilidades ni reproches.
Y no digo hablarlo por aquí entre nosotras, no. Hablemos con nuestras parejas.
Transmitir todas estas emociones y nuevos miedos que van surgiendo durante el embarazo y el TERRORÍFICO parto (para algunas). Hablad de crianza y de la vida después de un hijo, porque una vez normalizado el tópico y aceptado que se ha romantizado MUCHO es más fácil ver cuán caótico es y lo que cada uno necesita para llevarlo a cabo.