Si algo he aprendido en los últimos años es que la maternidad también sigue modas. Como usar pantalones campana o cortarte el pelo a lo Rachel de Friends, también hay ciertas tendencias que las mamás y embarazadas van poniendo de moda según avanzan los años.

Está la moda de los nombres: las Vanesas y las Jenifers en los ochenta, los Hugos y los Izans en el nuevo milenio, o llamar a tu hija Valentina, Manuela o Martina, que hace no tanto eran nombres de abuela. La moda de la crianza respetuosa, del colecho, el Baby Led Weaning, de hacer una fiesta de revelación de sexo o de hacerte fotos embarazada vestida de diosa griega.

Pero es que últimamente estoy descubriendo unas cosas entre mis amigas embarazadas que me tienen sorprendidísima. Una de las modas más recientes que me tiene atónita es no decirle a nadie el nombre del bebé hasta que nazca.

Tengo una amiga que está embarazada y cuando le pregunté que cómo se iba a llamar la criatura me dijo que era una sorpresa. Yo, en mi ignorancia, le dije si es que no habían decidido aún el nombre, y me suelta que sí, que lo tienen claro pero que no se lo van a decir a nadie.

¡Me quedé a cuadros! No lo sabe ni si quiera su familia más cercana. Tan solo su marido y ella. Y yo entiendo que es su decisión y todo eso, pero ¿por qué tanto misterio? ¿Es por miedo a que alguien le copie el nombre? ¿O acaso quieren evitar que la gente opine? Supongo que no quieren escuchar el típico comentario de vaya nombre más raro/feo/extravagante o lo que sea.

Al menos esta amiga me ha dicho que trae una niña, aunque no me diga el nombre, porque tengo otra que decidió que no quería saber el sexo del bebé hasta que naciera. Lo cual, oye, respeto mucho la emoción de la sorpresa, pero yo no podría vivir con esa incógnita. Yo necesito saber si es niño o niña para comprar ropita, pintar su habitación de un color y sobre todo para elegir un nombre.

Si con nuestro segundo hijo nos costó muchísimo a mi marido y a mí decidir el nombre, no me quiero ni imaginar haber tenido que elegir dos nombre, uno de niño y otro de niña, para luego descartar uno.

Aunque también puedes elegir un nombre unisex y ponérselo sea lo que sea. Que esa es otra tendencia de las que hay ahora, utilizar un nombre neutro y criar a tu bebé sin género. Y aquí es donde ya a mí personalmente me explota la cabeza. Entiendo el concepto y creo que tiene su lógica en un mundo donde poco a poco nos estamos alejando de la absurda idea de que los niños juegan con coches y las niñas con muñecas. Pero de ahí a no decir nunca si es niño o niña, y que sea la criatura la que elija su identidad cuando tenga una edad, me parece exagerado.

Y por lo visto esto es más común de lo que pensamos. Cuando nació mi hijo pequeño y fuimos a registrarlo, la funcionaria que nos tocó se sorprendió mucho de que tacháramos la casilla de “varón” porque, por lo visto, la moda ahora es no especificar el sexo del recién nacido.

Llamadme antigua, pero me cuesta imaginar a mi abuela lidiando con esta situación sin sufrir un cortocircuito mental. O a mi madre, sin saber explicar que su nieto es niete.

Yo soy una persona muy abierta de mente y si mi hijo el día de mañana me dice que se siente mujer, lo apoyaré. Pero criarle sin género y hablarle con pronombres en neutro me parece que es hacerle un lío al niño. Es más, recuerdo hace un tiempo haber leído aquí un testimonio de una mamá que le puso un nombre unisex a su hijo y se arrepintió.

Apoyo todas estas decisiones y creo que cada madre y padre tiene derecho a elegir cómo criar a su criatura. Pero entre tanta moda, a veces me pregunto si no estamos complicando demasiado algo que antes era bastante simple. En la generación de nuestros padres, los niños nacían, les ponían un nombre al azar sacado del santoral del día y se acababa la historia. También valía el nombre del padrino o del abuelo, no se complicaban tanto.

Quizá las modas maternales son solo el reflejo de una sociedad que cada vez es más consciente, más cuidadosa y más diversa. O quizá simplemente nos gusta mucho complicarnos la vida. Quién sabe. Lo que está claro es que la maternidad, como todo en esta vida, también tiene sus tendencias.