Últimamente me da mucha pereza entrar en los comentarios de algunos posts de redes sociales. En realidad, en todos. A veces ves una imagen normal, sin más, la foto de alguien, de un paisaje, de algo sin más y entras a poner un corazón o a ver por qué una imagen tiene tantos comentarios y lo que te encuentras es digno de estudio.
Me ha costado mucho, pero he conseguido entrar, ver un enjambre de neandertales diciendo hunga hunga e irme por mi propia salud mental. Y es que la pedagogía tiene que venir recibida de casa, no me voy a poner yo a explicarles a un montón de personas que no conjugan bien el verbo haber, que está feo entrar a una foto de una niña pequeña a dejar comentarios con insinuaciones sexuales. ¡No! Porque si entro, no duermo en una semana de la mala leche.

Y ya no digo tanto, no me refiero siquiera a cosas tan escandalosas como ese ejemplo, me refiero a la curiosidad que siento por saber qué tipo de persona ve una foto de una mujer en un día especial y siente la imperiosa necesidad de entrar a decir “qué fea”, “ese vestido te hace culo gordo”, “vas de guapa y das asco”. No comprendo.
A lo largo del día veo decenas de cosas en redes con la que no concuerdo en absoluto. Y ya ni siquiera digo a nivel político, ideológico, etc.; digo, quizá por ejemplo, a una chica contando cosas sobre su maternidad y quizá no estoy de acuerdo, pero es una chica de la que en general me gusta su contenido. Pues ese día no le doy Like, deslizo hacia arriba y sigo con mi vida. Si de pronto una persona a la que sigo porque da muy buenos consejos sobre X tema o porque es muy graciosa, cambia su contenido a algo más político estamos en lugares opuestos: dejo de seguir y deslizo hacia otra cosa.

Por lo tanto, mi gran duda es: ¿Qué lleva a una persona a no ser capaz de seguir con su vida sin expresar su disconformidad, su odio y su opinión contraria sobre un tema que no le afecta en nada? A mí qué más me da que una chica vaya con su axila peluda, que el pantalón lo lleve demasiado bajo (según el criterio de a saber quién), que un chico se haya quedado soltero y ahora en una foto “parezca amanerado” según Jose Luis, que solamente sabe ofenderse por no poder hacer chistes de “mariquitas”… ¡Es que no lo entiendo!
Pues hace poco, lo presencié en primera persona. Iba yo en el bus camino de casa (raro en mí) y a mi lado iba un señor, no mucho más mayor que yo, mirando Instagram. Ya sé que no se debe mirar, pero en mi defensa diré que tenía el móvil con el volumen a tope y era inevitable.
Paró en un vídeo de una receta, se la envió a sí mismo por whatsapp y, sin dar like ni nada, siguió adelante. Un carrete un fotocall de famosos. Paró, amplió las fotos una a una, salió, fue a comentarios y puso “qué asco, todo put@s y m@ricas, generación perdida”. Siguió bajando, una foto de dos chicas de la mano con un niño pequeño, sin contexto ninguno; entró y puso “antinatural”. Siguió…

La sensación que trasmitía, si no vieras lo que estaba haciendo, era contestar emails urgentes o algo así. Era como si estuviera haciendo algo por obligación, porque lo tenía que hacer. No dio un solo like a una publicación. Pero en menos de 10 minutos escribió más veces insultos homófobos, misóginos y la expresión “generación de cristal” de lo que podría hacerlo cualquier persona. Debía de tener algún tipo de récord.
Entró en su Facebook para publicar una foto de una obra, mal sacada, con el bus en marcha. Entró en un grupo de esos donde la gente protesta por cosas que le indignan de su ciudad y se quejó de que las obras eran molestas y tardaba mucho en llegar a casa por los atascos. Subió en sus publicaciones de ese grupo y había una, de la misma calle un mes antes, sin obra, quejándose de que no se arreglase la calle de una vez. Os prometo que pude ver un poco de satisfacción, de orgullo en su propia incongruencia. Eso de “malo si haces, malo si no haces”. Daba todo igual, hiciera lo que hiciera el ayuntamiento, él iba a protestar.
Creí que al verlo en persona lo entendería, pero ahora lo entiendo menos todavía. Es más fácil, menos frustrante y más sano seguir tu vida sin pararte a analizar las cosas que no te gustan. Pero aún así cada día hay más personas como mi compi de autobús, que creen que pueden cambiar el mundo vomitando su odio en los perfiles de gente a la que no conocen.
Una lástima.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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