No me entra en la cabeza que mis amigas adoren a sus padres
Cuando conocí a Miriam me llamó muchísimo la atención que hablara tanto de su padre.
Contaba que había ido de excursión a tal sitio con él y su hermana. Que quedaban los domingos para desayunar juntos, que iban de compras… Cosas normales que hace todo el mundo.
O quizá no todo el mundo. Porque yo no hacía nada de eso con mi padre, por eso me resultaba tan sumamente llamativo.
Miriam no se llevaba nada bien con su madre, lo cual, de un modo retorcido, me parecía una especie de explicación de porqué la relación con su padre era tan buena. Como si la vida le hubiera dado un buen padre para compensar las carencias de su madre.
Sé que es ridículo, pero es lo que yo interpretaba. Era la forma que tenía de tratar de comprender lo que para mí era incomprensible.

Sin embargo, años después conocí a María. Una chica que adora a sus dos progenitores por igual. Bueno, no por igual, a su padre lo adora un pelín más que a su madre.
Y al poco conocí a Paloma, una chica que quiere y respeta a su madre, y que se muere por su padre.
Porque lo cierto es que, conforme hemos ido madurando, el amor de estas chicas por sus padres no ha dejado de crecer.
Y a mí no me entra en la cabeza que mis amigas adoren a sus padres.
En especial cuando era más joven. Ahora que tengo tantos ejemplos a mi alrededor, he asumido que es posible tener una figura paterna digna del amor de sus hijos. Lo que ocurre es que la mía nunca estuvo ni cerca.
El mío no es un mal padre al uso, tampoco es un maltratador.

El problema radica en que nunca se comportó como tal. Vivía con nosotros, pero era un padre ausente. Uno que nunca supo darnos cariño ni educarnos ni infundirnos respeto por él. Es un hombre que no sabe querer. No supo querer a sus hijos y sus hijos nunca aprendimos a quererle como se supone que debíamos hacerlo.
No me entra en la cabeza que mis amigas adoren a sus padres
Mi padre no jugaba conmigo, no me llevaba al parque, no me felicitaba por mis logros ni se preocupaba por mis fallas. No me escuchaba, no me hablaba.
Por eso y por mucho más, no llego a comprender del todo la relación de mis amigas con sus padres.
Pero, en estos momentos me encuentro decidida a entenderlo de una vez por todas. Porque en unas semanas voy a ser mamá junto a un hombre al que quiero más de lo que nunca creí posible.
Y necesito confiar en que mi niña va a tener un padre de esos como los que tuvieron mis amigas.
Anónimo
Envíanos tu historia a [email protected]