Aunque resulte paradójico querer a alguien no siempre puede implicar desearla o porque en un momento dado haya deseado a alguien a nivel sexual, no quiere decir que esto vaya a ser así eternamente, o por lo menos, si no lo trabajamos un poco.

Lo que diferencia a dos amigos o compañeros de piso de una pareja, es sin duda la parte afectivo sexual, cuando yo deseo a esa persona me apetece mantener relaciones y eso genera un vínculo distinto al que puedo tener con un amigo.

Cuando el deseo desaparece, aparecen un sinfín de pensamientos, el más frecuente es pensar que ya no se quiere a esa persona o que necesito otra cosa en mi vida, y esto nos puede llevar a tomar decisiones precipitadas. ¿Por qué ya no tengo ganas de tener sexo con mi pareja?

Sin duda los motivos más frecuentes por los que desaparece el deseo es:

  • Problemas de pareja, si hace tiempo que parece que estáis más en una lucha de poder que en otra cosa, no os ponéis de acuerdo, discutís por todo, lo normal es que no tengáis ganas de tocaros.
  • Estado anímico, el ritmo de vida que llevamos es determinante y en ocasiones puede ser francamente agotador, por lo que el deseo se puede ver afectado
  • Problemas emocionales, como la ansiedad, depresión, etc. Son unos inhibidores del deseo muy potente, es importante trabajar estos aspectos para poder trabajar después el deseo.
  • El deseo llama al deseo, y si dejamos de “entrenarlo” al final este va desapareciendo poco a poco, por eso es importante incluir la masturbación, fantasías, etc. Para mantener a nuestro querido cerebro bien “lubricado”
  • La pereza, cuando entendemos que el sexo debe ser de una única forma, y siempre es lo mismo es normal que no nos apetezca como antes, si entendemos que esto va mas allá, podremos disfrutar más.
  • La rutina, se une un poco con la pereza, si siempre hacemos lo mismo, es normal que el cuerpo se termine acostumbrando, es importante introducir novedades de cualquier tipo, como juguetes, cambiar de sitio, centrarnos algún día solo en una practica sexual, buscar momentos, etc.

Pero lo más importante es entender que el deseo hay que trabajárselo y currárselo cada día, si yo siempre vivo con la anticipación de que no me voy a poner lo suficientemente cachonda, que no me apetece o que lo hago por obligación, estoy bloqueando directamente mi respuesta sexual y ahí si que es imposible tener ganas.

Y, sobre todo, que deseo no es igual a tener que meterla y orgasmo, que es otro de los grandes fallos, yo puedo sentir deseo besando a mi pareja, duchándome con ella, haciéndonos un masaje el uno al otro y disfrutar de ese momento sin la necesidad de ir más allá.

Cuando dejo de hacer todo esto, lo que hacemos es conseguir un efecto rebote en nuestra pareja, que se siente como un “salido” ya que percibimos que tiene ganas siempre y por tanto evitamos hasta tocarles.

Lo que pasa aquí es que como el sexo es algo que ya no es frecuente ni sabe cuando se va a dar, es como que están siempre preparados para ello y lo podemos sentir que son unos cansinos que siempre quieren cuando no es así.

Es importante recuperar la comunicación y hablar de lo que está pasando, para ir buscando soluciones de una forma conjunta, no sintiendo que es culpa de uno o de otro.

Porque al final el deseo tiene una parte que es individual y por tanto cada uno debe responsabilizarse de ella y una parte conjunta donde ambos deberéis comprometeros y ver que podéis necesitar.

Aida Vallés Psicóloga especializada en Sexología y Terapia de pareja

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