Hace algo más de un año, mi marido y yo pudimos ir juntos a buscar a los niños al colegio. Es algo que pasa pocas veces pero que nos gusta mucho hacer. Mientras esperábamos a que saliera mi hijo mayor, vimos a dos compañeros salir juntos e irse con el papá de uno de ellos.
De camino a casa nuestro hijo nos dijo que Izan y Mateo (esos dos niños) se habían hecho muy amigos y iban uno a casa del otro con frecuencia porque sus padres también eran muy amigos.
No me hubiese fijado especialmente, pero al decírmelo el niño, sí me di cuenta de que normalmente iba el padre de Izan o la madre de Mateo a por los dos. Por las mañanas venían ambos siempre charlando, excepto los pocos días que la madre de Izan era quien llevaba al niño. Entonces los niños iban juntos y a ellas se las veía a la una junto a la otra, pero sin tener mucho más que palabras cordiales.
De broma le dije a mi marido que seguro que el padre de Izan se estaba enamorando de la madre de Mateo.
Todo en tono de broma y siempre en privado, sin que nadie participase de esa fantasía absurda, a veces hablábamos de cómo serían los cumpleaños cuando apareciesen los 4 progenitores y ellos dos ya estuviesen juntos oficialmente, etc.

El caso es que, poco después, quizá un par de meses , hubo un festival en el que los niños debían entregar unos diplomas a sus familias como parte de una obra. Izan fue el primero en bajar y entregar el diploma a su padre, que estaba sentado al lado de la madre de Mateo. Tras cuatro o cinco entregas más, Izan bajó de nuevo a entregar otro diploma, esta vez a su madre, que estaba en el otro extremo del salón de actos.

Antes del festival, al papá de mi hijo (que no es mi marido) y a mí nos preguntó la profesora que cómo queríamos que hicieran las parte de los diplomas, uno a cada uno, los dos juntos, uno para los dos… Nosotros le dijimos que nos daba igual. Que podía darnos uno para los dos o uno a cada uno, pero que nos lo diera a la vez, que no bajase dos veces, total nos sentaríamos juntos. La profesora nos dijo que debía preguntar porque esto lo hacían todos los años en ese curso y muchos matrimonios separados ponían todo tipo de exigencias. El orden de a quien se le entregaba primero, con cuanta separación iba el niño de un progenitor al otro… A fin de cuentas, sobre todo al principio de la separación, había padres que se llevaban extremadamente mal y daban mucha importancia a esos detalles.
Pues ese día vimos con nuestros propios ojos que era efectivamente así. Los padres de Izan ni se miraron.

Poco a poco vimos que ya no se turnaban para recoger a los niños. Ahora iban siempre los dos, la madre de Mateo y el padre de Izan. Vimos un empeoramiento físico en él bastante importante. Claramente no estaba llevando bien el divorcio. Estaba triste, ojeroso, desaliñado…
Se notaba que la madre de Mateo era un gran apoyo para él y parecía algo muy bonito, pero en mi casa, la broma privada sobre el amor furtivo entre dos papás del cole seguía en marcha.
Todo fueron risas y bromas hasta que un día llevé con mi marido a los niños al parque. Mi ex se acercó para saludar a los niños y después, mientras los niños jugaban con algunos amigos del cole, nos alejamos un poco del parque para que él se fumase un pitillo lejos del parque. Avisé a una mamá que conocía para estuviese atenta y nos fuimos los tres juntos hacia una esquina algo alejada. A mi ex no le gusta que los niños le vean fumar, y así nos poníamos al día entre nosotros.
Cuando doblamos la esquina vimos a dos personas que dieron un salto asustados. Eran un hombre y una mujer que se estaban dando un beso. Por sus movimientos eran de sus primeros besos. Tímidos, nerviosos… Y por quienes eran, era algo totalmente furtivo, pues vimos al padre de Izan que nos miraba fijamente con los ojos abiertos como platos y totalmente inmóvil, como cuando a un conejillo le das las largas, y a una chica correr en dirección opuesta a nosotros que se parecía mucho a la mamá de Mateo.

Contuvimos la risa como pudimos mi marido y yo e intentamos fingir no haber visto nada, para que la situación no fuese más incómoda todavía.
Dos meses después una mamá muy cotilla vino a decirme si sabía que los papás de Mateo se habían separado. Que al parecer el papá la había pillado mandando fotos íntimas a otro hombre y la había dejado. Y ella decía que, si no fuera que los conoce de siempre y es totalmente imposible, se decía que había sido al padre de Izan. Yo, seria e indiferente, como siempre, le dije que no sabía nada, que no me gustaba especular sobre la vida privada de otras familias, y me fui sonriendo, pues yo tenía información que la cotilla del grupo no tendría.
Sentí mucho el sufrimiento de las dos parejas. Cada uno a su manera lo estaría pasando fatal. Pero en mi casa le dedicamos meses de especulaciones inventadas y ahora unas risas tremendas. Cuando se lo contamos a unos amigos (que no conocen para nada a esa gente) nos tomaron el pelo con que somos unos casamenteros o que predecimos el futuro.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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