Imaginad que os llega un absoluto desconocido y os dice: “¡Qué bonito es tu móvil! Préstamelo, tienes que dejármelo porque hay que compartir”. Absurdo, ¿verdad? ¡Pues eso es lo que le decimos a los niños! Desde pequeñas, a mis sobrinas les he enseñado que ni se pide, ni se presta. Si alguien de confianza te pide compartir puedes hacerlo SI QUIERES, pero no estás obligada a ello. Me parece una postura mucho más sensata que el «compartir porque sí», sin preocuparnos de los sentimientos de los niños al verse privados de su juguete, y más sabiendo que nosotros no compartimos con ellos casi ninguna de nuestras cosas.

Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

Lógicamente, esto hay quien no lo entiende. No me importa. Tú educas de una manera, yo lo hago de otra. Y mientras no me dejes las llaves de tu coche nuevo para compartirlo conmigo, no me vas a convencer de que los niños sí deben hacerlo. El último drama en el parque que tuvimos fue por esto. Mis sobrinas de 7 y 4 años estaban conmigo y la mayor me había pedido que le llevara la Switch por si se cansaba de jugar. Se sentó conmigo en el murete de piedra y se puso a jugar. No llevaba la niña ni dos minutos cuando se le acercó un niño: “¿Me la prestas?”, y cuando mi sobrina le dijo que nones, pasó al: “Te van a matar, eso no se hace así. Déjamela, yo sé hacerlo”.

—Ella también sabe, cariño —tercié. El niño me miró con un puchero. Lo admito: una parte de mí deseó haber bajado mi propia Switch y prestársela, pero otra me recordó que no valen baratas y que yo no conocía de nada a ese niño. Me limité a sonreír y decirle que le agradecía su interés, pero que mi sobri prefería pasarse el nivel sola.

—¡Pero hay que compartir, egoísta! —contestó el niño con odio. Acto seguido, se marchó. Ni diez segundos después, su madre aparece junto a él y el niño va haciendo ese llanto más falso que Judas.

—Perdona, pero es que el niño lo ve y lo quiere —me dice la madre con una sonrisa tan falsa como el llanto de su hijo—. ¿No puede la niña dejársela un momentito?

Mi sobrina estuvo a punto de guardarse la Switch bajo el jersey. Mientras yo trataba de digerir el gepeto que es preciso tener para pedirle a una desconocida algo así, no tenía la menor intención de alargar una conversación que no iba a ninguna parte:

No —contesté sin más. —Pero, ¿ni cinco minutos? —Ni cinco minutos. La Switch es suya, no tiene por qué prestarla si no quiere.

La sufrida madre resopló y se llevó a su vástago diciendo en voz alta que esa niña era una avariciosa y que no sabía compartir. El suspiro de alivio de mi sobrina fue para grabarlo. ¿Ser egoísta significa velar por lo que es tuyo? No hablamos de una pelotita de un euro, sino de un dispositivo caro, pero lo diré: tampoco obligaría a un niño a compartir una pelotita de un euro porque es SUYA. Punto. Si quieres que tu hijo juegue con algo que no tiene, cómpraselo, pero no vengas con toda tu cara a mendigarlo.

Delice.