Después de años buscando una casa que pudiéramos permitirnos mi novio y yo, finalmente conseguimos la hipoteca para un piso cerca del centro. Aunque era antiguo, solo necesitaba una pequeña reforma, así que nos pusimos manos a la obra y empezamos a buscar profesionales por internet. Pedimos varios presupuestos y elegimos uno que estaba bien de precio.
El plan era sencillo: cambiar el suelo de toda la casa y reformar la cocina y el baño. Para empezar, nos pidieron el 30% por adelantado para cubrir los materiales. Confiados, hicimos la transferencia y, a la semana siguiente, empezaron las obras.
Comienza la demolición
El lunes llegaron con el bidón de obra, empezaron a levantar el suelo y a desmantelar la cocina y el baño. Durante toda la semana, los trabajadores estuvieron sacando escombros y nosotros nos pasábamos de vez en cuando a revisar cómo iba todo.
El viernes, el jefe de obra nos explicó que el lunes comenzarían a traer los materiales y que finalmente empezaríamos a ver cómo quedaría nuestra futura casa. ¡Estábamos emocionados!
La primera señal de alerta
El lunes llegaron las cajas con el parquet, y todo parecía marchar bien. Incluso vimos una de las cajas abierta, y era justo el color que queríamos, un elegante marrón oscuro. Pero el martes por la tarde, al pasar por el piso, nos dimos cuenta de que no habían hecho absolutamente nada. Llamamos al jefe de obra, y nos dijo que había tenido una urgencia, pero que el miércoles estarían allí.
El miércoles nos pasamos de nuevo y, para nuestra sorpresa, no había ni rastro de ellos. Todo seguía igual.
Desaparecidos sin rastro
Intentamos llamar al jefe varias veces, pero no nos contestaba. Preguntamos a la vecina si había visto a alguien trabajar, y nos aseguró que desde el lunes no había visto a nadie. Desesperados, nos pusimos a abrir el resto de las cajas de material… Lo que encontramos nos dejó sin palabras: ¡las cajas estaban llenas de escombros!
Mi novio, furioso, empezó a abrir todas las cajas mientras yo intentaba, sin éxito, contactar de nuevo con los responsables. Nadie contestaba, y las líneas que teníamos de contacto ya no funcionaban. Fue entonces cuando supimos que habíamos sido estafados.
La búsqueda de los estafadores
Nuestro abogado nos dijo que debíamos denunciar cuanto antes, y así lo hicimos. Empezamos la búsqueda de estos estafadores, que habían huido con 6000 € de nuestros ahorros. A día de hoy, el caso sigue abierto y los están buscando.
Al final, contratamos una empresa local que nos terminó la reforma y, aunque la casa quedó preciosa, el golpe económico fue duro. Perdimos 6000 €, pero lo más difícil fue aceptar que fuimos víctimas de una estafa tan bien planificada (o que nosotros fuimos demasiado confiados). Lo más importante es que aprendimos a ser mucho más cautelosos con quién confiamos.
