Siempre me pareció increíble la capacidad de auto boicot de nuestras mentes. Cómo siempre nosotras mismas nos llevamos a situaciones desagradables totalmente evitables por giros incontrolables de nuestros queridos cocos.

Cuando de pronto hablas con un ex, sin razón aparente, cuando tienes que leer algo urgente y debes empezar el mismo renglón 7 veces porque por la mitad de a oración tu mente ya se ha ido de viaje…

Pero mi parte “favorita” son los pensamientos intrusivos. Esos que, cada vez que estas bien, disfrutando de un momento agradable, te recuerdan que tu padre se ha muerto y, si sigues intentado disfrutar, también te dicen que tu madre también podría morir de un momento a otro, quien sabe.

En cuanto tuve a mi primer hijo fueron mi peor pesadilla. De día miedos irracionales a cosas como que se caiga por la ventana. Que digo yo, si tiene una semana de vida, a no ser que alguien lo lance, es poco probable que eso pueda pasar. De noche pesadillas, todo el rato cayendo por acantilados a los que jamás iría, ahogándose en una gran oleada a la que no me acercaría ni siquiera sola, menos aún con un bebé. Cada vez que me subía  a un coche imaginaba la silla de mi bebé en medio de la carretera tras un accidente que lo dejaría huérfano. Siempre cosas así de alegres y poco traumáticas.

Creí que me estaba volviendo loca, pero entonces supe que es algo que nos pasa a muchas. Al igual que el resto de pensamientos intrusivos en nuestra vida normal.

Pero hace un tiempo me confesé con mi amiga y le dije: “no lo aguanto más, cuando estoy en cama con mi marido, no paro de pensar en mi familia, en las tareas pendientes de la casa, en las citas médicas de la semana siguiente…” Ella se rio y me preguntó si tan malo era el sexo con mi marido. Al contrario, todo va genial, soy yo. Es mi mente, esa que transformó el momento más feliz de mi vida en pánico absoluto por si un día dejaba a mi bebé caer desde un 6º piso sin darme cuenta, es la misma que ahora me dice “¡Qué inapropiado sería pensar ahora en tu hermano!”, y como cuando te dicen que no pienses en un elefante rosa, la cortada de rollo que viene no es pequeña.

Es como ese meme de una chica que va a dormir y su cerebro le pregunta si está segura de que va a dormir y cuando ella cierra los ojos le plantea dilemas imposibles o le recuerda situaciones en las que se murió de vergüenza. Es exactamente ese meme.

Pensar “Dios, ¡qué bien!” y que tu cabeza diga “Recuerda que debes llevar mañana los papeles al ayuntamiento para el campamento de los niños, si no lo anotas ahora, luego no lo vas a recordar. Los niños… qué feo acordarte de algo de eso en este momento, es como pensar en tu madre que, por cierto, le sentó muy bien el corte de pelo…”

Si, al parecer tampoco soy la única, pero esta vez me consuela poco. Nunca entenderé por qué mi cabeza me odia tanto.

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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