Sex & Love

Posturas para cuando él tiene el pene muy grande

No falla. Se enteran de que eres Sexóloga y te hacen la típica pregunta: “¿El tamaño importa?”. Yo siempre contesto lo mismo: SÍ, IMPORTA.

Para explicar esta afirmación tan apoteósica, te voy a hablar de televisiones (sí has leído bien), pero esto no se va a quedar aquí, quiero que tú vayas más allá y uses la imaginación para hacer una analogía con los penes. Son dos cosas que no se parecen en nada, pero confío en que sabrás hacerlo.

Vamos a imaginar que compras dos televisiones, una es de 28 pulgadas y la otra de 55 pulgadas. Misma marca, misma resolución, misma calidad. Además, imagina que vivimos en un país de unicornios y purpurina y que incluso el precio es el mismo. A pesar de todo esto, no son iguales. El tamaño es lo único que las diferencia. ¿Cuál es mejor? ¿La tele de 55”? ¿La de 28”? Ninguna. La respuesta correcta sería “depende”. ¿De qué depende? Intenta poner una tele de 55” en una habitación de 2 metros cuadrados, verás qué risa. Ahora pon la tele de 28” en una habitación de 40 metros cuadrados. ¿Ves las diferencias?

Vamos con las mismas teles pero distinto ejemplo, si te pones a ver la tele de 28” a una distancia de 3 metros es algo incomodísimo porque te cuesta mucho ver los pequeños detalles de la imagen, ¿verdad? Igual pasaría con la televisión de 55”, pero al revés: si te pones a verla a medio metro lo mínimo que te puede pasar es que al día siguiente te levantes con una tortícolis de narices. Pues con las pollas lo mismo.

¿Es importante entonces el tamaño? Claro, pero eso no implica que sean mejor o peor, importa para tener en cuenta cómo usarlas.

¿Qué determina que un pene sea grande o pequeño? Realmente no hay consenso al respecto, aunque un estudio del King’s College de Londres para el que participaron 15.521 hombres de todo el planeta, determinó que la media estaba en 13,12cm en erección, pero yo entiendo que estas cosas van a gusto del consumidor y que también habría que añadir otro aspecto importante que es de qué tamaño es el orificio donde vas a meterla. No sé si me explico.

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Bueno, dicho todo esto, ha llegado el momento de darte una clase de geometría, acrobacia y gimnasia sexual que, traducido al castellano, significa que voy a hablar de posturas. Si esto te sabe a poco, también tienes un artículo muy chuli escrito por mí en el que te cuento un poco los aspectos generales a tener en cuenta sobre los penes XXL. Que oye, también viene bien para ampliar información. Pero hoy toca posturas y además, voy a acotar más aún el tema a “durante el coito vaginal”, que me he levantado yo muy Kamasutra.

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¿Valen todas las posturas? Valen todas sí, pero si consideras que la penetración es muy profunda y te hace daño, entonces es mejor cambiar a otra en la que el pene no penetre tanto. Aunque también está la posibilidad de controlar la fuerza de empuje y retirada, pero es entendible que en momentos de máximo esplendor empotrador (ya me entiendes) también te apetezca chocar las pelvis. Qué fino me ha quedado esto último.

La amazona

Esta postura es fetén para prácticamente todo. Es morbosa, cómoda y súper útil en disfunciones sexuales. No tiene mucho misterio y es muy fácil y cómoda, es la típica en la que la mujer se coloca a horcajadas sobre la pareja y controla súper bien el movimiento y profundidad de la penetración.

No te ciñas a realizar esta postura sólo en la cama, hazla en el sofá mientras él permanece sentado. También puedes inclinar tu columna hacia atrás (aunque para esto necesitarás un poquito más de flexibilidad), pero así conseguirás que la penetración sea menos profunda y que el pene roce las áreas de la vagina que tú elijas. Tú tienes el control, así que ve moviendo tu pelvis de tal manera que durante el coito obtengas el placer que necesitas en la zona que necesitas o consideras que es más placentera.

De lado

Os colocáis en plan cucharita, tú delante de la pareja, con una pierna hacia arriba, para dejar espacio a la penetración. Esta postura es ideal puesto que el ángulo de penetración es menor y el pene estimula muy bien el tercio externo de la vagina. Además, deja la posibilidad de acariciar el clítoris con la mano o con un vibrador.

También puedes hacerla con las piernas cerradas, se estimularán otras zonas de la vagina. Lo “malo” es que en esta versión no tendrás acceso a estimular el clítoris como en la versión anterior.

La mantis religiosa

El nombre de esta postura hace honor a la figura que se crea entre los dos cuerpos. Su realización es más sencilla de lo que crees. Empieza en la postura de “La amazona”, date la vuelta y dale la espalda a tu pareja, coloca las piernas dobladas como si fueras a hacer una sentadilla y, desde ahí, puedes empezar a moverte de arriba a abajo. Para mayor comodidad, tu pareja puede inclinarse hacia delante, apoyándose en sus brazos, no hace falta que se quede tumbada, pero para gustos los colores.

“¿Perdona? ¿No había otro nombre, no?”

La versión cansada de la mantis religiosa se llama “el remolcador” que, dicho sea de paso, me parece un nombre muy adecuado. Esta es para cuando ya estás hasta el toto (nunca mejor dicho) de estar ahí dale que te pego haciendo sentadillas y empiezas a parecerte un poco a una estrella de mar pero agonizando. Lo que quiero decir es que esta postura es igual que la de la mantis pero apoyando tus rodillas en la superficie que hayáis elegido para tener el encuentro, e inclinándote hacia delante, dejando caer un poquito el peso de tu cuerpo sobre las manos, que también estarán apoyadas en la superficie.

Desde atrás

No, no es el perrito, es aún mejor. Para realizar esta postura os deberéis colocar ambos acostados boca abajo, uno encima del otro (mujer abajo, preferiblemente, si no es un poco complicado). Desde ahí, se practica la penetración. Esta postura es muy cómoda para esos días en los que no te apetece hacer mucho movimiento físico.

De pie

Esta es como la anterior pero de pie. Uno detrás de otro, en el mismo orden. Lo bueno de esta postura es que si te mola el BDSM puedes aliñarla alzando tus manos y atándolas a algo alto (o simplemente apoyarlas en la pared mientras las mantienes atadas) con unas esposas o cuerdas especiales para la piel.

Como ves, todas estas posturas evitan la penetración profunda y el roce del glande del pene con el cérvix, que es lo que normalmente provoca ese dolor. Hay muchas formas de estimular la vagina durante el coito y todas ellas son tan placenteras como el empuje y retirada completo y a lo bestia, que algunas veces mola, pero otras no tanto.

No quiero terminar el artículo sin antes hacer alusión, como no, al porno. En el porno convencional (es decir el 90% del porno) todo lo que sea bestia, profundo y de golpe, es genial y mola mogollón, pero recordemos que el porno es ficción y que, siempre, lo mejor es adaptarse a nuestros cuerpos y gustos, no imitar lo que vemos en un vídeo de Internet.

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