Como nos puede la curiosidad y nos gusta entender las cosas, hoy preguntamos a cinco chicos por qué han acabado haciendo ghosting.

El ghosting de marras es una práctica tan cuestionable como común que muchas han sufrido en carne propia o a través de la experiencia de alguien cercano.

En WLS tenemos un montón de testimonios desde el otro lado, desde el punto de vista de quien se ha quedado esperando tan siquiera una señal que nunca llegó.

Sin embargo, no es tan habitual que alguien se lance a contarnos por qué decidió cortar todo contacto con una persona a la que se suponía que le tenía al menos un mínimo aprecio.

Así que hemos hecho una ronda de consultas y aquí os dejamos lo que estos cinco amigos nos han contado:

  • LUIS. Al principio estaba muy a gusto con aquella chica. Empezamos a salir sin darnos cuenta, un día nos enrollábamos si nos encontrábamos por ahí de marcha, y al siguiente empezamos a quedar para estudiar o para pasear por el campus y estirar un poco las piernas. En ese momento de mi vida lo único que quería era pasarlo bien y estar tranquilo. No sé ni cómo ni cuándo empezó el cambio, solo que de pronto la tenía encima todo el día. O esa era la sensación que me daba a mí. Me llamaba cada noche, aunque nos hubiésemos visto esa tarde, se plantaba en los sitios que frecuentaba con mis amigos si le decía que había quedado con ellos. Era buena chica, lo malo es que me agobiaba muchísimo. Al final del trimestre y aprovechando que me iba unas semanas a casa, dejé de contestar sus llamadas y mensajes. Para cuando regresé a las clases, ya no quiso volver a saber de mí. Sé que pude haber tenido más tacto, pero lo había intentado antes y se ve que no supe hacerlo porque no me había funcionado.

 

  • ABRAHAM. Llevaba cerca de un año con una de las mejores chicas que he conocido, ahora me doy cuenta. Éramos muy parecidos, teníamos un montón de cosas en común y unas personalidades muy similares. Era muy fácil estar con ella. Pero, por más que fuese genial y que nos pareciésemos tanto, no tardé en darme cuenta de que no queríamos las mismas cosas a largo plazo. Y lo peor de todo es que ella dejaba de hacer lo que quería por mí. Vale que no fueron cosas excesivamente importantes, pero el caso es que renunciaba por mi culpa y estaba seguro de que seguiría haciéndolo mientras estuviésemos juntos. Yo no estaba dispuesto a ceder ni quería que ella lo hiciera más. Así que corté por lo sano y desaparecí.

 

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  • DARÍO. Yo me comporté como un cobarde de libro. Estaba en una relación bastante seria cuando me enamoré de otra chica. Quise ser honesto con ella, decirle la verdad y dejar la relación como está mandado, pero no fui capaz. Me fui retrayendo poco a poco hasta que llegué al punto de no dar ni señales de vida. No le fui infiel, de hecho, tardé meses en tener algo con la otra chica. Pero le hice daño y no estoy nada orgulloso de cómo actué.

 

  • FRAN. Llevaba muchos meses metido en una relación supertóxica que me estaba costando hasta la salud. Pese a que me daba cuenta de que no nos hacíamos ningún bien y que no íbamos a ningún lado, tenía un enganche brutal. Me había propuesto dejarla varias veces y al final nunca lo hacía. O hacíamos el amago y a los dos días hablábamos y volvíamos otra vez. Dado que de alguna manera ella siempre conseguía que volviera arrastrándome, decidí unilateralmente que se había acabado. Puse tierra de por medio, la bloqueé en todas partes y así fue como pude ponerle fin.

 

  • ALEJANDRO. Pues yo era joven, arrogante e inexperto en el amor cuando conocí a aquella chica a la que terminé por hacerle eso tan feo del ghosting. Fue mi primera relación más o menos seria y la más duradera hasta la fecha. Ella era la chica perfecta, en serio, como si la hubieran sacado de mis mejores sueños y a todos los niveles. Entonces, ¿por qué le hice eso? Porque me acojoné. Me gustaba demasiado, pensaba en ella demasiado, dejaba todo de lado demasiado por estar con ella. Como que me entró una especie de complejo de soltero de oro y temí que me atara en corto y se me acabara la buena vida. Hui. Sin darle siquiera una explicación. Menos mal que pocas semanas después recapacité, volví con el rabo entre las piernas y tuve la suerte de que me perdonó. Y todavía seguimos juntos.

 

Y tú, ¿quieres contarnos por qué hiciste ghosting?

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