No llevo demasiado tiempo con mi chico, si os soy sincera, calculo que unos seis meses más o menos, pero ha sido todo un huracán de nuevas emociones, sobretodo en cuanto al sexo respecta. No sé qué me ha pasado, nunca he sido así de lanzada en la cama y él me asegura que él tampoco, pero madre mía, no sé si será conexión cósmica, hormonal o vicio puro, pero es que no paramos en todo el día.
Con mis antiguas parejas solía limitarme al típico misionero, algo de sexo oral y así un día tonto me ponía a cuatro patas, pero vamos, nada fuera de lo básico. Con este señor nada más lejos, a ver, que tampoco es que ahora sea yo una amazona que todo lo prueba y que todo le gusta, pero basándome en antiguas experiencias la verdad es que he descubierto todo un mundo. Sobre todo en lo que al sexo anal respecta, en ambas direcciones.
Todo empezó un día estando yo a cuatro patas y él dándome por detrás mientras me estimulaba el clítoris a la velocidad de la luz, cuando estaba a punto de correrme me sorprendí a mí misma casi gritándole ‘méteme un dedo por culo’. Y así hizo el maromo, no dudó ni medio segundo vamos, uno de los mejores orgasmos de mi vida. No creo que fuera tanto por la sensación que me provocó la sensación del dedo en sí, si no el hecho de sentirme capaz, dueña de mi cuerpo, abierta a nuevas experiencias.
Desde aquel día lo de que me metiera un dedo por detrás era cada vez más corriente, hasta que un día vino a casa con lubricante anal y me dijo que cada vez que me metía el dedo se quedaba con ganas de penetrarme también, así que dicho y hecho, empezamos a adentrarnos en el mundo del sexo anal y bendita la hora.
Asumo que esto dependerá de cada mujer, incluso de cada ser humano, a mí me fascina, a ti puede que no te guste absolutamente nada, yo creo que siempre es cuestión de probarlo y si no te gusta, pues no se repite. Aunque si te da demasiado reparo, pues hay mil cosas más que se pueden hacer, por supuesto.
El caso es que me encontré con un artículo de esta web hace no mucho, que decía algo como no tengas miedo de meterle un dedo por el culo a tu ligue, así que se lo leí a mi querido churri y me confesó que siempre había tenido curiosidad, pero que le daba vergüenza hablar de ello, así que nada, le dije que menos hablar y más ponernos a ello.
La primera vez que se lo hice fue mientras le hacía una mamada, yo estaba en el suelo y el de pie, mientras se la comía empecé a acariciarle la zona poco a poco y él empezó como a soltar sonido guturales, clara señal de que le estaba gustando, así que aparté un poco y mirándole a los ojos me chupé el dedo corazón, el contacto visual con él siempre es mano de santo. Volví a metérmela en la boca y poco a poco empecé a meterle el dedo por el culo, con mucho cuidado y acariciando con pequeños círculos. Se corrió enseguida y soltó el mayor gemido que le había escuchado hasta la fecha.
El siguiente paso que dimos ya os podéis imaginar cuál es, fui a un sex shop, me pillé un arnés y me planté con él en casa. Cuando llegamos a la habitación le dije que quería penetrarle yo a él y su sorpresa fue mayúscula. Creo que tuvo que derribar muchísimas barreras mentales para dejarse hacer tal cosa, pero al final lo consiguió y por eso estoy tan sumamente orgullosa de él.
La primera noche fue un desastre absoluto, aquello no entraba y le hice más daño que otra cosa, asumo que en parte porque no estaba preparado físicamente y en parte porque tampoco lo estaba mentalmente. No pudimos hacerlo y, de hecho, se volvió el ambiente tan tenso que esa noche no se corrió nadie. Me sentí mal y no volví a sacar el tema, ni el arnés del armario tampoco. Hasta que dos semanas después tuvo él la iniciativa.
Volvimos a intentarlo, con mucho lubricante y paciencia, no sabéis qué sensación. Es cierto que tú no ‘sientes nada’ físicamente, pero el hecho de saber que estás provocando placer, de sentir que con tus movimientos lo estás penetrando aunque sea con un objeto de plástico… Uf, me puto encanta. Mientras yo le daba por culo él se estaba pajeando, se corrió después de unos quince minutos y acabó medio muerto en la cama, me dijo que tenía demasiadas cosas que procesar, me besó en la frente y se quedó dormido.

Desde entonces el arnés es un gran amigo, uno en más en la cama. Es cierto que no lo usamos literalmente cada vez que follamos, pero una vez a la semana lo invitamos a nuestros aposentos sin duda.
Con esto quiero decir que hay que abrir la mente, que quién me iba a decir a mí que no sabía ni quería salir del misionero que acabaría comprándome un arnés para darle por el culo a mi -ni siquiera- novio nuevo. Al principio fue un desastre absoluto, salió todo mal y aún así le dimos una segunda oportunidad y qué bien.
El sexo al final es como la vida misma, tienes que aprender a andar antes de echar a correr. Y qué bonitas vistas te puedes encontrar haciendo senderismo.
Anónimo
PD: si buscas donde comprar un arnés, en amazon tienes un montón.