Mary Poppins
Querido diario

¿Qué lleva una madre en su bolso mágico?

Os voy a contar un secreto que no he desvelado a nadie todavía. Venga, ahí va. Hace casi tres años me convertí en Doraemon. De verdad, no os estoy mintiendo. De repente, de la noche a la mañana, soy como ese gato cósmico que tanto se saca del bolsillo mágico un helicóptero como una puerta para viajar en el tiempo.

Mi bolso, amigas, es a día de hoy como el maletín de Mary Poppins: un zona todavía por descubrir, un espacio repleto de tesoros. Bueno, y también de mierda totalmente prescindible, para qué nos vamos a engañar.

Porque cuando tienes un retoño eso de llevar cartera, móvil, gafas de sol, pañuelos y maquillaje se queda en algo completamente secundario. Lo verdaderamente importante ahora es que el destino no te pille desprevenida y que tu bolso te salve de una caca a deshora, un body empapado o una vomitona en pleno jersey.

¿Queréis saber por qué los bolsos (aka maletas) de las madres pesan tantísimo? Pues por aquí os dejo algunos detalles…

Pañales, toallitas, cremita para el culete… y más pañales

Que muchas diréis que según qué cosas se llevan en un bolso a parte para el peque, pero no somos pocas las que decidimos no cargar con veinte mochilas y lo unificamos todo en una. Así que un buen día ves que tu mini bolsito hiper mono ya no es suficiente. Porque ahora ya no llevas únicamente compresas o algún tampón, sino que los pañales y toda la parafernalia de higiene del bebé es imprescindible. Y lo grandioso no es que metas uno o dos pañales, sino que cada día, sin revisar, añades otro par (por si las moscas). Vaya, que cuando te quieres dar cuenta ahí dentro hay una docena de pañales con la que podrías cubrir las necesidades de medio parque, pero ¡eh! Más vale ser previsora.

Ropita para cambiar al churumbel

Hoy quiero confesar…‘ que durante muchos meses este fue el detalle que siempre olvidaba en casa. Yo salía muy digna del hogar creyéndome lista para afrontar una tarde de paseo y juegos, y siempre siempre siempre me cagaba en mis muelas porque una vez más había olvidado la muda. Ya fuera un eructo con regalo, o una caca explosiva… La ropa de recambio es un must en cualquier bolso de madre. Que ya cuando crecen los limpiamos con una toallita y allí que sigan jugando con su lamparón inmenso, pero ¿de bebés? Bajo ningún concepto, mi tesorito siempre inmaculado.

Termómetro, tiritas y el stick para los chichones

En mi defensa diré que este kit de salvamento no lo sumé a mi bolso hasta que mi pequeña empezó a ser arrolladora en el parque. Que cuando ya van tres días seguidos de caídas por correr más rápido que el rayo, o de cabezazos por no fijarse por dónde camina, pues una empieza a ser consciente de la realidad y de que esa barrita de Arnica es mejor que el ‘sana sana de toda la vida. ¿Lo del termómetro? Pues porque un día ahí lo metí y desde entonces sale de paseo con nosotros, sin más.

Fruta y algo para picar

Da igual que sean las tres de la tarde y que acabemos de comer. O que vayamos a salir a hacer un recado. Nunca se sabe cuándo será el momento en el que un niño entre en bucle con el ‘tengo haaaaaambre, dame de comeeeeeer‘. Que una puede intentar razonar con él para que comprenda que pronto comerá, pero esa misma también sabe que cuando quieren los niños pueden ser muy insistentes. Así que por nuestra parte no salimos de casa sin algo que llevarse a la boca. Que a mí me pueden tachar de mala madre por muchos motivos, pero jamás por dejar pasar hambre a mi hija, ¡hombre ya!

Juguetes pequeños (¿pequeños?)

Venga cariño, elige un juguete pequeñito para llevar al parque, pero algo que entre en el bolso‘. Y de inicio a nuestra maleta se suman unos cochecitos de Micro-Machines, muy aceptables. Después unas miniaturas de las princesas Disney, también óptimas para el espacio. Y ya pasados unos días te das cuenta de que entre los pañales, las cremas, las toallitas y la comida, viajan decenas de cachivaches que unidos pesan un quintal. Los sacas todos y juras en arameo que no más juguetes en el bolso, que a la calle se va a correr sin necesidad de cochecitos. Pero esa misma tarde un nuevo polizón entra en la mochila: el peluche parlante de Peppa Pig que allí aplastado te mira y te dice ‘¡es hora de divertirse, yujuuuuu!‘. Thank you, Peppa.

Mi Instagram: @albadelimon

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