Amor & Polvos

Que no me vaya el BDSM no me convierte en una mojigata

Hay muchas cosas que me molestan hoy en día: la gente que no pone el Intermitente, los que usan el móvil en el cine, los adolescentes que van con la música a tope en el metro, mi vecino poniendo la tele a todo volumen a las 2 de la mañana… Si me pongo, no acabo. Pero hay algo que me repatea muchísimo y hoy vengo a hablar abiertamente de ello.

Cada vez que en WeLoversize se publica un artículo o un hilo del foro en el que se habla de sexo y fetiches, siempre hay una persona que responde esto:

“Uy, y eso para ti es bestia… Pues hija, estás un poco verde. Si te cuento lo que me gusta a mí te asustarías.”

Vamos a ver, coleguis, ¿cómo es posible que hayamos llegado a un punto en el que follar más bestia que los demás nos hace sentir superiores? ¿Tanto te molesta que para una mujer meter un dedo por el culo a su novio o un puñetero azote sea lo más hardcore del mundo?

Os pongo un ejemplo. El otro día mi mejor amiga contó superemocionada que le habían comido el culo por primera vez. Pues con toda la mala hostia del mundo va una chiquilla del grupo y contesta:

“Joder tía, ¿y te emocionas por eso? Parece que has perdido la virginidad ayer.”

¿Me explicáis la necesidad de contestar eso? Para ti igual es una chorrada, pero para ella es lo más guay del mundo y no eres nadie para restarle importancia a sus sentimientos.

Yo me considero muy abierta de mente y es cierto que he hecho bestiadas en la cama con algún que otro tío. Algo que me dolía mucho es que la gente me juzgase por eso. Os juro que alguna vez jugando un “yo nunca” o simplemente charlando sobre estos temas, me han mirado mal y han hecho comentarios en plan “vaya guarrada hacer eso”. Me he sentido fatal.

¿Qué diferencia hay entre juzgar a alguien por hacer bestiadas en la cama y juzgar a alguien por preferir sexo vainilla? Ninguna. Así que tened muy clara una cosa: que a una persona no le mole que le meen encima, que le pongan pinzas en los pezones o que le aten boca abajo del tejado no la convierte en una mojigata virginal de la que descojonarte.

 

Anónimo

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