Una lengua en apuros: Una urgencia médica deslenguada.

¿Cómo podríamos definir la palabra urgencia? Cualidad de urgente. Necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio. 

¿Y una urgencia médica? ¿Qué podríamos entender por esa expresión? Pues una urgencia médica es una situación de salud que requiere atención médica inmediata, pero no representa un riesgo de muerte inminente. Se caracteriza porque se presenta de forma inesperada, puede requerir asistencia médica dentro de un tiempo razonable y el paciente puede llegar por sus propios medios a un centro médico.

Y ahí está la clave de este episodio, en que el paciente puede llegar por sus propios medios a un centro médico.

Nuestros protagonistas: un matrimonio recién casado, que acaba de volver de su luna de miel. Muy enamorados, muy acaramelados. Que viva el amor. Ella, a la vuelta de su viaje soñado de bodas, ha vuelto a reiniciar su tratamiento de corrección dental porque quiere estar divina, para ella y para su maridito, para que siempre la vea guapa.

Hoy hace un mes justo que se dieron el “sí, quiero” así que toca celebración especial. Ella, atrevida a la par que picarona, se ha comprado un conjunto de lencería ideal para la ocasión y se ha estado informando sobre técnicas amatorias innovadoras para sorprender a su maridín, puesto que es una mujer joven y activa que no piensa permitir que la rutina se instale en su cama matrimonial. Nunca.

Cena con velitas para dos. Cuando los platos y la botella de vino empiezan vaciarse, pone música sexy y empieza un baile sensual. Ha llegado la hora del postre. Un poquito de roce para encender los motores. Mientras bailan, lo empuja suavemente hasta el sofá. Cuando él ya está sentado, ella empieza a desvestirse. Él, al ver el conjunto de lencería nuevo, se relame, previendo el futuro más inmediato.

De repente, ella se pone de rodillas en frente de él, le baja la bragueta y le saca su más que inhiesto miembro. En cuanto su boca lo rodea, él no puede evitar jadear de manera profunda. Y ella, aplicada, comienza a usar la nueva técnica amatoria en la que se ha estado formando en los últimos días.

El resultado está siendo muy bueno, al parecer, pues él no para de gemir con su voz ronca por la pasión. En un momento dado, ella para. Un segundo, dos, tres… ¿será para volverlo más loco todavía, a causa de la espera? 

  • Cariño, no pares, me está encantando.

Sigue sin haber movimiento ni respuesta.

  • Cariño, por favor, no pares, no me dejes así…

Nada.

  • ¿Cariño? 

Ella se incorpora, con cara de preocupación.

  • Amorcito, ¿qué te pasa?

Ella, en lugar de hablar, hace un pequeño ruidito con su boca y le hace un gesto con la mano de que espere. Se da la vuelta y va hacia el lavabo. Él, preocupado, le sigue, pero cuando llega, ella cierra la puerta y no le deja entrar.

  • ¿Qué pasa, gordi? Me estoy preocupando.

A través de la puerta oye pequeños gemidos sofocados, pero ni una sola palabra.

  • Amore, por favor, dime algo.

Después de unos angustiosos minutos de espera, la puerta por fin se abre y sale ella, con los ojos a punto del llanto.

  • ¡Cariño!

Ella, sin soltar palabra, vuelva al salón, coge el móvil y escribe un WhatsApp. Le indica a él que coja su móvil.

“Se me ha quedado enganchada la lengua en el embellecedor de los dientes y no puedo soltarla”.

  • ¿¡Qué!? A ver, enséñamelo, que yo te lo arreglo.

Ella abre la boca un poco.

  • Cari, abre más la boca, porfis.

WhatsApp. “No puedo. La lengua está trabada y no me deja”.

  • A ver, si te ayudo yo un poquito…

Le coge con toda la suavidad que puede por las mandíbulas y empieza a abrir… Parece que está cediendo hasta que ella da un grito, lo empuja con fiereza y comienza a sollozar.

  • Tesoro, ¿te he hecho daño? A ver, déjame ver.

Ella se tapa la boca con las manos, mientras sigue sollozando.

Él insiste hasta que consigue que le permita volver a mirar, pero casi sin tocar.

Se asustan ambos porque comprueban que corre por la comisura de su boca un hilillo de sangre, mezclado con las babas. Al abrir la boca, el marido comprueba dos cosas. Una, que la lengua está atrapada en uno de los alambres del embellecedor, el cual está hincado en la lengua; dos, la lengua se está hinchando por momentos.

  • Mi amor, no te preocupes, esto lo arreglo yo.

Coge con determinación el móvil y marca el número de Emergencias Médicas.

  • Emergencias Médicas, ¿dígame?
  • Buenas, quiero que envíen una ambulancia ya, es un caso gravísimo.
  • Dígame qué es lo que ocurre.
  • Que necesito unan ambulancia.
  • Necesitamos saber qué está ocurriendo, porque hay diferentes tipos de ambulancia, y queremos ofrecerle el mejor servicio posible.
  • Pues a ver, mi mujer está sangrando por la boca.

Gemido de ella para que la operadora sepa que la cosa es muy grave. Pero al otro lado del teléfono se percibe como si estuviese una vaca mugiendo al mismo tiempo que llora. ¿Os hacéis una idea?

  • Disculpe, ¿qué es eso?
  • Pues mi mujer.

Nuevo mugido de vaca deprimida.

  • A ver, ¿qué tipo de herida tiene?
  • Pues creo que se le ha enganchado la lengua en el aparato de los dientes. Se le ha clavado un hierro en la lengua y ahora le sangra y se le he hinchado. O sea, que ¡deje de perder tiempo y envíe una ambulancia!

Mugido de vaca llorona.

  • Caballero, ¿cuántos años tiene su esposa?
  • Veintiocho.
  • Disculpe, ¿no se pueden desplazar a un centro médico, donde le atenderán más rápido? Los recursos de ambulancia son limitados
  • ¡Oiga! Yo pago mis impuestos y exijo que me envíen una ambulancia ahora mismo.
  • Verá, para un caso así, lo tiene que autorizar un médico.
  • ¡Pues páseme ahora mismo con un médico, que ya verá como él entiende que necesitamos una ambulancia!

Mugido de vaca que siente que no encuentra el sentido a su vida. Cada vez más fuerte. Cada vez más largo.

  • Ahora mismo le paso. Le abro primero la ficha para que, cuando la ambulancia salga, sepa con rapidez dónde debe dirigirse. Dígame el nombre de su señora.
  • Mª Dolores Macías Lenguas.
  • ¿Disculpe?
  • Mª Dolores Macías Lenguas.

Dos segundos de silencio tenso.

  • Eeeehhh… ¿me lo puede volver a repetir?
  • ¿Es usted sorda o qué le pasa?

Mugido de vaca muy desdichada.

  • María. Dolores. Macías. Lenguas, dice él despacio. ¿lo ha entendido ahora?
  • Sí, disculpe, es que creo que había interferencias. Y ahora, dígame la dirección.
  • Calle Lenguadoc número trece.
  • ¿¡Cómo!?
  • ¿¡Otra vez!?
  • Calle. Lenguadoc. Número. Trece. 

La voz de la operadora se oye entrecortada. 

  • Disculpe. Ya lo he. Anotado. Le paso. Con. El doctor.

Antes de que transfieran la llamada, le parece oír una carcajada.

.

.

.

No, no le enviaron una ambulancia. Aunque al doctor le costó convencerle, finalmente cogieron un taxi (él estaba demasiado nervioso por la preocupación por su mujercita para conducir) y le atendieron en el centro médico de urgencias. 

Ella nunca juró que nunca más probaría aquella técnica sexual. Él se sintió un poquito decepcionado.

 El resto, deberíamos ser conscientes de qué es una emergencia médica, de qué es una urgencia médica y para qué sirve una ambulancia.

Morticia Addams