Querido diario

Deseos de cumpleaños

Feliz cumpleaños, anormal.

Hoy cumples un montón de años y a tu edad has logrado un puñado de cosas importantes: Sabes recitar el alfabeto del revés, te conoces todas las coreografías de Michael Jackson y preparas un tiramisú para chuparse los dedos, hasta los del pie. Te has hecho alguien que mola mil y por eso te deseo un feliz cumpleaños, pero sobre todo, te deseo que seas feliz el resto de días.

No te equivoques: no te deseo esa felicidad edulcorada y lista para llevar de las series, no: te deseo felicidad de la verdadera. La de sentirte extrañamente idiota y afortunada mientras miras al vacío de camino a casa en el Metro. La de reirte hasta que te duelan las tripas, porque si no duelen, para qué. La de levantarte por las mañanas pensando muy en serio que qué jodida suerte has tenido de haber nacido siendo tú. De esa felicidad te hablo: la que le hace poco espacio a la amargura. Para amargo está el café y qué bueno que está.

Te deseo fiestas. Copas. Cervezas. Domingos de aperitivo que se transforman en comida que se transforman en cena que se transforman en No importa, me vuelvo en taxi. Te deseo, de corazón, que al fin te reconcilies con la persona en la que te has convertido y dejes de pensar en cómo hubiera sido tu vida si hubieras tomado otras decisiones en 2004. YA NO ES 2004. Acéptalo ya y empieza a decidir desde hoy. Usa tu cuerpo de todas las maneras que se te ocurran y cuídalo, que no tienes cuerpo de repuesto.

Te deseo que mueras de sueño. Eso. Que te arrastres gritando Caféeeeeeee por los pasillos de tu trabajo, ese que te da dinero, por haber currado toda la noche en tu otro trabajo, ese que te da felicidad. Que algún día ambos sean lo mismo. Que escribas en tu facebook a las 5 de la madrugada un día cualquiera He terminado mi libro, y que no sea precisamente de leerlo. Que tuitees a las 7am y sin ducharte que la web ya está subida, y que sea la tuya. Que el sueño y las malas noches hayan valido la pena: para dormir tienes toda la muerte.

Te deseo polvos de infarto. Así, a secas. Por encima del sexo, te deseo amor. Que descubras una mañana fría que la persona a la que quieres ocupa el otro lado de la cama. Que desees hacerle cosas malas pero que por favor le pasen sólo cosas buenas. Que te haya robado un poco de almohada y procedas a declararle la guerra (de almohadas) y que el amor que sientas sea inmenso como catedrales.

Te deseo que te equivoques. Que te sorprendas. Que experimentes. Que sepas hablar cuando necesitas hablar y que sepas callar cuando hayan cosas que quizá no necesitan ser escuchadas. Te deseo que tu edad sea sólo un número, como el de tus pantalones o tus zapatos, y que no marque el fin o el principio de nada. Acuérdate siempre de esto en tu día a día.

Te deseo paz y te deseo locura. Ni un sólo día sin nada que hacer. Te deseo inquietudes, canciones, comeduras de cabeza, toneladas de libros y te deseo, con todo el amor, que algún día te vayas a la puta mierda. Pero a la putísima de verdad, porque de ahí uno siempre regresa renovado. Porque quiero que regreses. Porque quiero que aprendas que siempre que te vas, tienes que volver. Que no te permitas más de un día de gimoteos: que sepas que la tristeza es necesaria, pero que sepas también que casi siempre es muy cabrona.

Sobre todo, te deseo amigos. No de los corrientes: de los mejores. De esos con los que celebras otro tipo de cumpleaños: un año de haberse conocido o un año de haberse vuelto indispensables, y que entiendas que es gracias a ellos que todo lo anterior vale la pena. Te deseo amigos con los cuales cantar un viernes por la calle, borrachos y felices, y a quienes puedas llamar agobiada y triste cualquier sábado por la tarde. Amigos a quienes tener fritos a memes en los grupos del Whatsapp y con los cuales la distancia no sea nunca un obstáculo para la cercanía. Te deseo que en tu próximo cumpleaños haya un amigo nuevo que hoy mismo no conoces, y que entonces te preguntes cómo has podido vivir toda la vida sin él.

Y eso: te deseo 365 días felices. Quizá no perfectos, pero sí felices. Que sea así todos los años y que todos los años haya fiesta. Que recuerdes siempre que los años hay que celebrarlos, querida, así no haya suficiente tarta para tantas velas.

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