Querido diario

La reconciliación con mis estrías

Durante mucho tiempo el espejo y yo éramos enemigos a muerte y a la vez mejores amigos. Yo odiaba su sinceridad al mostrarme tal cual soy y a la vez lo necesitaba para seguir investigando sobre mí misma.

A día de hoy hemos llegado a un acuerdo y firmamos una tregua en la que él me deja ver todo aquello que no se ve a cambio de dedicarle amor a mi propio reflejo y la verdad, nos va bastante bien.

En esos momentos que compartimos juntos he observado muchos cambios en mi cuerpo, cambios ya finalizados y otros que están comenzando y van convirtiendo mi cuerpo en un mapa de la vida que muestra nuestras victorias y derrotas frente al paso del tiempo, siempre inevitable por mucho escondamos el reloj.

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Uno de esos cambios tiene forma de río de hielo, aunque hace unos años su color era oscuro, comienza su crecida agolpándose en mis pechos, para bajar por mi estómago cerca del ombligo y morir en mis muslos como si quisiera dirigirse a los pies y mostrarme algo de mis pasos; cuando la esponja roza mi cuerpo puedo notar las orillas de mi piel separada y rota entre estas líneas blancas y si cierro los ojos y poso mis dedos sobre ellas puedo seguir su camino e incluso descubrir algún nuevo destino.

A día de hoy estas líneas caminan libres con mi cuerpo, porque, tras mucho tiempo bajo las telas del pudor, tomé la decisión de dejarlas salir para poder reconciliarme con mi propia imperfección que tanto quiero.

Y cuanto más las miro más me atrevo a decir que mis líneas blancas son vida. 25 años de vida que surcan mi cuerpo, que no se abrieron paso para deformarlo sino para escribir los años vividos y los cambios pasados y superados.

Mis estrías son el último estirón que dio paso a ser mujer, son la crecida de mis senos preparados para dar leche, son el ensanchamiento de mi cuerpo tras una lesión que no me dejó moverme, fueron aquellas pastillas que cambiaron mi cuerpo y aquellos meses de gimnasio.

Mis estrías son mi vida escrita en 160 cm de piel.

y las acepto.

y las observo.

y las guardo en el recuerdo de mi cuerpo.

Andrea Mata

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