No podría ser más clara ni sincera «¿Quieres que te la chupe? Pues aprende a poner la lavadora».
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No sé cuándo exactamente dejé de ver a mi pareja como el macho sexy del que me enamoré y empecé a verlo como un mini adulto con déficit de autonomía.
Yo cocino, plancho, recojo, limpio, organizo… y sí, también le ato los calcetines antes de lavarlos porque si no desaparecen y adivina ¿Quién tiene que comprarle calcetines nuevos? ¡Yo!
Y aún así, él se queja y le sorprende que nuestra vida sexual haya desaparecido.
Perdona, ¿Qué vida sexual? ¿La de la mujer que lleva años jugando a ser madre, chef, secretaria y psícologa personal de alguien que ya tiene 40 años?

Vamos a ver, el deseo no se genera cuando estás barriendo el suelo, recogiendo mocos y revisando bolsillos para encontrar migas o kleenex antes de que infecten el resto de la colada. Es imposible.
Y si encima me preguntas “¿Me la chupas?”, pues…no sé si mearme viva de la risa o mandarte a tomar por culo en la segunda rotonda después de Nueva Delhi.
La verdad es que el desequilibrio en las relaciones de pareja es brutal. Por alguna razón, se nos sigue viendo a nosotras como las encargadas de todo lo invisible, mientras ellos mantienen la “responsabilidad mínima” como si fuera un premio extra.
¿Quieres placer desenfrenado? ¿Quieres que te la chupe? Pues aprende primero a poner la lavadora, a organizar tu ropa, a cocinar sin que yo tenga que estar supervisando… y luego hablamos de otra cosa.
Como le explico yo que la excitación no nace del “Te he guardado la camiseta limpia porque la otra estaba en el suelo desde hace tres días”.
Que si la rutina ya tiene sus efectos en la vida sexual de una pareja, pues imagínate lo apetecible que es ponerte a follar con un tío al que le tienes que rascar los derrapes y reponer hasta la pasta de dientes porque sino no se los lava. Madre mía… puro vicio, lujuria y fantasía.

A veces pienso: qué fácil sería todo si fuéramos iguales, si compartiéramos responsabilidades de verdad. O si simplemente nosotras fuéramos como ellos y nos diera igual todo y quisiéramos acostarnos con un tío con el que tenemos más dinámica de madre que de pareja. Que turbio, también lo digo…
Pero hasta que eso pase, las ganas de empotrar a mi marido se van por la ventana y el satisfyer ha entrado por la puerta. Paso firme, decidido, sin excusas, sin pedos ni ronquidos, sin desorden y sin dejar las tazas sin fregar en la encimera. ¡Así si!
Moraleja: si quieres que te la chupe, aprende primero a poner la lavadora. Organiza tu vida y no dependas de la otra persona para que tu casa funcione.
Sé mi pareja, mi equipo, mi +1 y no un adulto lelo que depende de mí.