Hoy os vengo a explicar cómo, a veces, la vida, te pone en situaciones que nunca te imaginas. 

Resulta, que yo hacía un mes que había roto con mi novio, con el que llevaba viviendo 2 años y  estaba triste, vulnerable y afligida. 

Vivíamos juntos y las cosas no iban muy bien así que, con mucha pena, decidí que lo mejor era  romper antes de que nuestra relación se siguiera deteriorando.  

La verdad es que no fue fácil y los primeros días fueron los peores porque yo, me fui a casa de  mis padres y, él, se quedó en nuestro piso, así que además de triste también me sentía desubicada. 

A su vez, mi amiga, a la que llamaremos Helena, había vivido hacía un par de años, un divorcio  bastante traumático con el que se suponía que era el gran amor de su vida. 

En estas que, a mi amiga, se le ocurrió que, para animarme, nos podíamos ir a cenar a casa de  un amigo mío y pasar allí la noche, ver pelis y reírnos, en plan fiesta del pijama. 

Este amigo, al que llamaremos Oscar, era mi mejor amigo desde que teníamos 14 años y nos  teníamos muchísimo cariño. Teníamos los mismos gustos musicales, íbamos siempre juntos, yo  pasaba muchos días en su casa viendo pelis, escuchando música, saliendo de fiesta, éramos  como zipi y zape e incluso, él, me llamaba cariñosamente “tata”. 

Yo, ya cuando teníamos 20 y pico años, se lo presenté un día a Helena y le cayó muy bien,  tanto, que, como ella estaba en esa etapa de liberación post divorcio, una noche, se enrollo con  él en su coche. Aquella aventura no fue a más y quedó en un rollo de una noche. 

La cosa es que yo, en ese momento, aunque no tenía muchas ganas, pensé que no me iba a  hacer mal salir de casa de mis padres una noche, airearme y estar allí tranquila con mis amigos  viendo pelis. 

Error, grave error. 

Nos fuimos a casa de Oscar que vivía con su madre que estaba separada y era una mujer a la  que yo adoraba y porque me trataba siempre con un cariño que me hacía sentir de su familia.  Ese día, su madre no estaba porque se había ido de fin de semana con sus amigas así que  podíamos campar a nuestras anchas. 

Oscar, había invitado a un par de amigos muy majetes que cenaron con nosotros y, tras una  sobremesa divertida y unas copas, se fueron para su casa y allí nos quedamos Helena, Oscar y  yo. 

Cuando llegó la hora de irnos a dormir, yo, le dije a Oscar que, Helena y yo, podíamos dormir  juntas en la habitación de su madre que tenía cama de matrimonio y allí nos apañábamos las  dos sin problema.  

Para mi sorpresa, Helena, se empeñó en que durmiéramos juntos los 3 en la habitación de  Oscar y no había forma de disuadirla. 

Yo, que estaba cansada y, francamente, ya me daba igual donde poner el huevo, accedí sin  imaginarme lo que iba a pasar después.

Para daros contexto acerca de mi estupidez absoluta al aceptar esta malísima idea, puntualizar, que, yo, tenía unos 24 añitos y, en aquel momento, era inocente de cojones porque lo pienso  ahora y me hecho las manos a la cabeza de lo idiota que fui de no saber intuir las intenciones  de Helena y haberme quitado de en medio para ahorrarme el momentazo. 

Resulta, que, cuando estamos los 3 ya en la cama con Helena a un lado, Oscar en medio y yo al  otro lado, me doy cuenta de que Helena había hecho un amago de ponerse cariñosa con Oscar  que, a su vez, se incomodó y se giró hacia mí. 

Yo, estaba allí, conteniendo la respiración, incómoda de la ostia, pensando en qué momento  me había metido en ese jardín y que, si Helena quería enrollarse con Oscar, me tenía que haber  advertido y yo me hubiera ido a la habitación de su madre solita y le hubiera dejado el campo  libre. 

¿Para qué carajo quería que estuviéramos los 3 juntos en la cama si ella quería liarse con  Oscar?  

Pero, para terminar de enredar la situación, de repente, Oscar, me besó y yo ya me acabé de  poner de los nervios. 

Oscar y yo siempre habíamos sido mejores amigos, y, alguna vez, yo había podido intuir que, quizá, a él le gustaría que fuéramos algo más, pero como yo tenía pareja no había llegado a  pasar nada hasta ese momento. 

Yo, estaba tremendamente confundida pensando en que no sabía muy bien cómo reaccionar  ya que, no quería ser brusca con Oscar ni rechazarlo en seco ni herir sus sentimientos. 

Tampoco tenía claro si me gustaba o me desagradaba que me besara porque me había cogido  por sorpresa y era un muy mal momento.  

Y, por otro lado, estaba super violentada por estar en una cama con mi amiga al otro lado que  había sido rechazada y estaba cabreada porque su plan (fuera el que fuera que nunca lo supe)  no había salido como ella esperaba. 

Y no olvidemos que, a todo esto, yo estaba asimilando mi ruptura en un vaivén emocional. Vamos, la tormenta perfecta. 

Oscar, me susurraba al oído que nos fuéramos él y yo a la habitación de su madre que nadie  me iba a tratar mejor que él, que me quería.  

Yo, estaba petrificada sin saber cómo salir de esa situación sin dañar a nadie.  

Así que, en un intento de salvar los muebles como buenamente pude, traté de no repudiar  abruptamente a Oscar y ser lo más delicada posible hasta que llegó un punto en el que entendí  que tenía que tomar una decisión rápido porque como no pusiera freno aquello se iba a salir  de madre.  

¡Vaya noche pasamos! ¡Allí no durmió nadie!

Helena, cabreada con Oscar por el rechazo y conmigo porque Oscar me había besado a mí y  durante el tira y afloja pasó un rato y ella imagino que habíamos hecho algo más (cosa que no  ocurrió). 

Oscar, desconcertado porque me había besado y me había confesado lo que sentía, pero no  habíamos pasado a mayores. 

Y yo, asimilando lo que había pasado y pensando en que era imbécil por haberme metido en  ese jardín y sintiéndome fatal por Oscar porque fui consciente de que, después de aquello, nuestra amistad, no podría volver a ser como era. 

Total, que, por la mañana, Helena se levantó cabreadísima y arremetió contra nosotros de lo  más molesta argumentando que no la habíamos dejado dormir. 

Oscar, estaba triste y desconcertado y yo, no supe cómo reaccionar y encima tuve que salir  corriendo porque me tenía que volver en coche con Helena que estaba furiosa y me dijo que o  nos íbamos ya mismo o que me dejaba allí. 

Menudo viaje de vuelta, vaya cabreo tenía Helena, todo el trayecto echándome la bronca y yo  pensando en qué momento una noche que se suponía que era para animarme se había  convertido en el momento más incómodo de mi vida y había destrozado mi amistad con  Helena y con Oscar. 

Después de aquello, Helena y yo, no volvimos a hablar y, Oscar y yo, nunca volvimos a ser los  mismos y pusimos distancia hasta llegar tristemente al olvido. 

A veces, me pregunto como hubieran sido las cosas si yo hubiera sabido reaccionar de otra  forma, pero, la vida, te pone en encrucijadas de las que es difícil salir ileso.

 

Happy Gal